Reino Unido se prepara para lanzar a sus ciudadanos un mensaje que suena a guion de película catastrófica: conviene tener latas, agua embotellada y algunos suministros básicos guardados en casa por si llega, antes de lo esperado, una emergencia nacional. No hay una amenaza concreta detrás de esta recomendación, que quede claro. Lo que sí hay es un giro importante en la forma en que Londres mira su propia seguridad.
La mañana lo confirmaba: el Gobierno está revisando al mismo tiempo cómo responder a inundaciones, olas de calor, incendios, ciberataques, sabotajes e incluso las consecuencias de un ataque militar de un Estado hostil. Dicho de otro modo, la preparación para escenarios que hasta hace poco parecían de otro planeta está empezando a colarse en la despensa de los británicos.
Cuando la primera línea de defensa es tu propia cocina
El Cabinet Office ultima una campaña nacional para explicar a los hogares cómo moverse durante una emergencia. Entre las recomendaciones aparecerá almacenar alimentos enlatados, agua y otros productos esenciales. El objetivo no es asustar ni provocar compras a lo loco, sino lograr que buena parte de la población pueda sostenerse por sus propios medios durante los primeros compases si los servicios habituales fallan.
Ahí está el cambio interesante. La primera línea de resistencia ante una gran crisis ya no descansaría solo en el Estado y sus servicios públicos, sino también en millones de casas con una pequeña reserva lista. Detrás de unas simples latas asoma un catálogo de amenazas nada cotidiano: sequías, incendios forestales, ciberataques y también posibles acciones de Estados hostiles o perturbaciones por conflictos internacionales. Este mismo mes el Ejecutivo tuvo que convocar una reunión Cobra para coordinar la respuesta a una ola de calor mientras crecían las alertas por fuego y sequía.
La lógica es sencilla. No se trata de que cada familia se convierta en un búnker autosuficiente, sino de ganar tiempo. Si millones de personas tienen agua, comida y unas nociones básicas, la policía, los sanitarios y los equipos de emergencia pueden concentrarse primero en ancianos, enfermos y otros colectivos vulnerables. Es la resiliencia civil que otros países europeos aplican desde hace tiempo.
Del war book a un ataque sin misiles
La campaña doméstica forma parte de una revisión mucho más amplia que incluye algo antes remoto: valorar cómo respondería el país a un ataque militar sobre territorio británico. El Gobierno trabaja en el llamado war book, un conjunto de planes para reaccionar si un conflicto internacional golpeara al país, y habla de impulsar un programa de home defence.
Todo esto llega después de que Keir Starmer advirtiera, apoyándose en evaluaciones de inteligencia occidentales, de que Rusia podría atacar a algún miembro de la OTAN en un horizonte de cuatro años. Las tensiones con Moscú han subido por el apoyo británico a Ucrania, incluida la entrega de planos desclasificados para fabricar misiles de largo alcance. Nada de esto significa que exista información sobre un ataque inminente, pero ayuda a entender por qué vuelven a los cálculos de Whitehall.
Y una amenaza no necesita misiles. La semana pasada, hackers vinculados con Irán fueron señalados por un ciberataque que forzó el cierre temporal de una pequeña planta eléctrica británica. Electricidad, telecomunicaciones, agua o sistemas informáticos pueden convertirse en objetivos que alteran la vida diaria sin que ningún ejército cruce una frontera. Una inundación, un incendio o un ataque informático tienen causas distintas, pero para una familia acaban pareciéndose: cortes de luz, comunicaciones caídas, problemas de abastecimiento. Reino Unido intenta prepararse justo para ese denominador común, desde los planes de guerra hasta la autonomía de cada hogar.
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Imagen: xataka.com
