Mercadona acaba de encender sus primeras Tiendas 9 en Madrid y Bilbao, y aunque a primera vista podría parecer una apertura como cualquier otra, hay un detalle que llama la atención. La cadena de Juan Roig no solo está probando un nuevo formato de supermercado, lo está usando también como palanca de marketing. Cada nueva tienda se convierte en un pequeño acontecimiento, y eso no es casualidad.
El local que acaba de abrir en Chamberí, en la calle Joaquín María López, es el primero de este tipo en la capital, aunque no en la provincia, que ya cuenta con una desde junio en Valdemoro. Ha supuesto una inversión de unos 9,2 millones de euros. El de Bilbao, ubicado en el barrio de Miribilla, exigió una reforma valorada en 1,9 millones de euros, con la participación de 39 empresas y alrededor de 150 trabajadores. Cifras que hablan por sí solas del peso que la compañía da a este movimiento.
Qué son en realidad las Tiendas 9
La historia arranca a finales de 2025, cuando Mercadona montó su primer laboratorio de pruebas en Xirivella, Valencia. Desde entonces el modelo se ha ido extendiendo por Castilla-La Mancha, Cataluña, Madrid, Andalucía, Aragón y Galicia. La empresa ha puesto sobre la mesa una inversión de 3.700 millones para desplegar este concepto por su enorme red, que a cierre de 2025 superaba las 1.600 tiendas en España y rozaba las 70 en Portugal. El objetivo es cerrar 2026 con unas 60 Tiendas 9 funcionando.
Pero, ¿qué cambia de verdad? La idea es pasar de una organización pensada por negocios a otra centrada en los procesos. Según la propia cadena, esto permite optimizar los flujos internos, reducir desplazamientos y dar más espacio a los productos frescos. El corazón de todo es el llamado Obrador Central, un único espacio donde se concentra al personal que corta, limpia, envasa y cocina los alimentos. Con ello, Mercadona calcula un ahorro de hasta un 10 por ciento en energía y un 40 por ciento en agua.
Menos mostradores, más eficiencia y una jugada de marca
Este nuevo enfoque tiene una consecuencia bastante visible. Las pescaderías y charcuterías tradicionales pierden protagonismo frente a los frescos envasados. Más bandejas, menos mostradores. Se pierde el consejo del pescadero o del charcutero, sí, pero a cambio la compañía promete rapidez y agilidad. Es también un paso más hacia los llamados mercaurantes, esos supermercados donde se puede comprar comida ya lista para consumir, o incluso comerla allí mismo.
Lo verdaderamente novedoso no está tanto en la tienda como en cómo la usa Mercadona. Cada apertura, como la de Chamberí o Miribilla, se anuncia en medios de todo el país y sirve para dar visibilidad a la marca. No se plantea como un súper más, sino como un evento que despierta expectación y atrae a clientes y curiosos. La cadena asocia así su nombre a la idea de eficiencia y de un modelo de supermercado distinto, uno que quiere presentar como el futuro de la compra diaria.
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Imagen: xataka.com
