Puerto Rico y la mangosta: el error que 150 años después no puede corregir

La mangosta llegó para cazar ratas, pero acabó devorando la fauna nativa y convirtiéndose en el mayor foco de rabia de Puerto Rico

by Tecnoandroid
Puerto Rico y la mangosta: el error que 150 años después no puede corregir - mangosta Puerto Rico

La mangosta invasora que Puerto Rico importó por error y hoy no logra sacarse de encima

Cuando en la década de 1870 los dueños de plantaciones de caña de azúcar del Caribe se dieron cuenta de que las ratas les estaban devorando los cultivos, pensaron haber encontrado una salida sencilla. Traer desde India a la mangosta invasora, un pequeño depredador que parecía hecho a medida para el trabajo. Puerto Rico fue uno de los lugares que apostó por esa idea. Siglo y medio después, la industria azucarera que debía proteger casi ha desaparecido de la isla, pero las mangostas siguen ahí. Y se convirtieron en el principal foco de rabia del territorio.

Sobre el papel la lógica tenía sentido. La caña de azúcar ocupaba un lugar central en la economía puertorriqueña y las ratas eran una plaga seria. En lugar de combatirlas de frente, la idea era soltar un depredador que hiciera el trabajo sucio. En el ecosistema real, sin embargo, el experimento salió de una forma muy distinta.

Un depredador que nunca cazó lo que debía

El detalle que hoy resulta casi absurdo es este. Las mangostas son animales fundamentalmente diurnos, mientras que las ratas de los cañaverales son sobre todo nocturnas. Depredador y presa podían compartir el mismo territorio sin llegar a cruzarse durante buena parte de su actividad. Resultado, las ratas siguieron siendo una plaga y Puerto Rico se quedó, encima, con una especie invasora capaz de sobrevivir por su cuenta.

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Cuando faltaban ratas había mucho más para comer. Aves, reptiles, anfibios y otros pequeños animales que habían evolucionado sin conocer a este cazador pasaron a formar parte de su dieta. Lo que llegó como herramienta agrícola terminó considerado una amenaza para la fauna nativa.

La rabia entró en escena ocho décadas después

En 1950 se confirmó en laboratorio el primer gran brote de rabia entre estas mangostas, y con los años el virus se instaló en la población. Los animales acabaron siendo el principal reservorio de la enfermedad en la fauna terrestre de la isla, llegando a representar más del 70 por ciento de los casos animales notificados. Una investigación en El Yunque y Cabo Rojo halló anticuerpos contra el virus en cerca del 39 por ciento de los ejemplares analizados, aunque estudios en otras zonas bajaron ese porcentaje hasta el 17 por ciento. El problema no queda solo entre animales. Se calculaba una media de unos 280 puertorriqueños mordidos por mangostas cada año.

Una mordedura demostró hasta dónde podía llegar el asunto. Un hombre de 54 años del sureste de la isla fue mordido mientras atendía un gallinero y no buscó tratamiento. Semanas después empezó con fiebre, dificultad para tragar y otros síntomas. Volvió al hospital cuando empeoró y murió poco después tras una parada cardiaca. Los análisis confirmaron rabia y la vincularon con la variante caribeña asociada a las mangostas. Fue la primera muerte documentada en Puerto Rico por la mordedura de una de ellas.

Hoy el objetivo ya no es que estos animales controlen una plaga, sino controlar las consecuencias que dejó su llegada. Investigadores estadounidenses estudian densidades de población, movimientos y cebos con vistas a una futura vacunación oral contra la rabia. Los ensayos llegaron a probar distintos sabores y descubrieron que las mangostas preferían el queso al coco o al pescado. Unos 150 años después, la solución pensada para una plaga agrícola del siglo XIX sigue obligando a científicos y autoridades a vigilar mordeduras y buscar la forma de vacunarlas.

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Fuente
Imagen: xataka.com

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