Un cuadro de 1611 escondía un secreto que la ciencia tardó 400 años en probar

Un cuadro de Brueghel el Viejo de 1611 revela un comportamiento zoológico que la ciencia tardó cuatro siglos en confirmar.

by Redazione
Un cuadro de 1611 escondía un secreto que la ciencia tardó 400 años en probar - cuadro de Brueghel 1611

Brueghel el Viejo pintó en 1611 un cuadro barroco cargado de aves y murciélagos que hoy, cuatro siglos después, ha resultado ser mucho más que una obra de arte. Un grupo de investigadores españoles ha confirmado que aquella pieza escondía un dato zoológico que la ciencia moderna tardaría 400 años en demostrar. La escena, titulada ‘Aire’, parecía apenas una alegoría mitológica. Y en cambio guardaba un secreto en un rincón del lienzo.

En el cuadro aparece el dios Apolo cruzando el firmamento sobre su carro, la musa Urania descansando sobre una nube con una esfera armilar, y al fondo un cielo repleto de criaturas aladas. Nada especialmente raro para el gusto barroco. Lo interesante llega cuando uno se pone a mirar de cerca. Y de eso sabe bien el Museo de Bellas Artes de Lyon, donde se conserva la obra.

Sesenta especies de aves y algún murciélago escondido

Los expertos han contado nada menos que 60 especies distintas de aves en la composición. Avestruces, pavos, cisnes, flamencos, grullas, búhos, gallinas y un larguísimo etcétera de bichos que descansan en el suelo, se posan en ramas o vuelan por el cielo. Entre estos últimos hay también tres especies de murciélagos, incluido al menos un Nyctalus lasiopterus, el llamado nóctulo gigante, un quiróptero enorme que llega a los 46 cm de envergadura.

Aquí es donde entra Pedro Romero Vidal, ecólogo de la Estación Biológica de Doñana. Andaba metido en un proyecto para identificar animales en pinturas históricas y, al toparse con la obra de 1611, algo le llamó la atención. “Nunca había visto una escena similar en ninguna de las muchas pinturas que había examinado”, admitió. Lo que le activó el instinto estaba en el margen superior derecho del lienzo, casi al borde. Un gran murciélago que se aleja volando. Y no va solo. Lleva un pequeño pájaro en las fauces.

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Un pintor que se adelantó a la ciencia por cuatro siglos

“Pedro vio los murciélagos y parecía que uno de ellos era un nóctulo que lleva un pájaro en la boca”, explicó Miguel Clavero, investigador de Doñana y uno de los firmantes del artículo publicado en PNAS. El detalle no es menor. La ciencia no documentó hasta bien entrado el siglo XXI cómo los nóctulos cazan aves paseriformes y son capaces de devorarlas en pleno vuelo. La confirmación definitiva llegó apenas en octubre de 2025, cuando un equipo de la propia estación captó por primera vez el sonido de un ejemplar depredando un petirrojo europeo mientras volaba, en Doñana.

O sea que Brueghel plasmó en pintura, en 1611, algo que tardaríamos 400 años en probar con criterios científicos. Eso sí, con matices. “Que lo lleve en la boca como un rapaz es inviable. Los murciélagos de noche se guían por el sonido”, aclaró Elena Tena, otra de las científicas que estudió este hábito. Para ser realistas, el murciélago sujetaría el ave con las patas traseras antes de acercarla a la boca. Lo que no le quita mérito al pintor ni al hecho de que las pinacotecas pueden ser fuentes valiosísimas para los zoólogos.

Fuente
Imagen: xataka.com

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