Ni siquiera un contrato de 1.500 millones de dólares (unos 1.400 millones de euros) fue suficiente para retener a un ingeniero estrella en Meta. El dinero, por astronómico que suene, no compra la lealtad. Y la historia de Andrew Tulloch lo demuestra a la perfección. Mark Zuckerberg movió cielo y tierra para tenerlo en su plantilla durante seis años, y el fichaje duró apenas 11 meses. Un desconocido para el gran público que, sin embargo, se ha convertido en el ejemplo perfecto de cómo las grandes tecnológicas siguen tropezando en la misma piedra.
Quién es el ingeniero que dejó plantado a Zuckerberg
Tulloch es un ingeniero australiano que pasó 11 años en Facebook, donde llegó a uno de los puestos técnicos más altos de toda la empresa. Ya en 2016 lo intentaron seducir desde OpenAI, cuando la compañía todavía era pequeña. Greg Brockman fue quien movió ficha, pero la oferta se quedaba corta. Tulloch ganaba entonces unos 800.000 dólares al año, mientras que desde OpenAI le ofrecían apenas 300.000. La diferencia era demasiado grande y se quedó donde estaba.
La cosa cambió en 2023. Con ChatGPT ya en plena efervescencia, el panorama era otro y esta vez sí aceptó dar el salto. Dos años después cofundó Thinking Machines Lab junto a Mira Murati, la que fuera responsable de tecnología de OpenAI. Ahí es donde entra de nuevo Zuckerberg, dispuesto a lo que fuera con tal de ganar la carrera de la inteligencia artificial.
Una fortuna por día trabajado
El fundador de Meta primero intentó comprar la startup entera por 1.000 millones de dólares. Murati dijo que no, así que Zuckerberg fue directo a por la gente. Contactó con decenas de empleados, pero su objetivo principal tenía nombre y apellido. La oferta, según lo publicado, alcanzaba los 1.500 millones en seis años. Desde Meta lo negaron todo, y su portavoz Andy Stone llegó a calificar la descripción de la propuesta como “imprecisa y ridícula”.
Tulloch rechazó al principio, pero dos meses después cambió de opinión y se sumó al proyecto de superinteligencia que lideran Zuckerberg y Alexandr Wang. Y ahí duró lo que duró. Avisó a sus compañeros de que se marchaba justo un día después de que Meta presentara un nuevo agente de IA. Los cálculos que se han hecho ponen los pelos de punta. De haber cobrado el máximo posible, habría embolsado unos 250 millones al año, algo así como 961.500 dólares por cada jornada trabajada, o unos 120.000 dólares la hora. Renunció a todo eso sin dar demasiadas explicaciones.
No es el primer fichaje millonario que sale rana. En 2011 Apple perdió a Ron Johnson, el hombre de las Apple Stores, que aceptó un paquete de más de 53 millones de dólares en JCPenney y aguantó poco más de un año. Yahoo hizo lo propio con Marissa Mayer, llegada desde Google, que se marchó tras cinco años habiendo cobrado 405 millones. Y Disney vivió algo parecido con Michael Ovitz en 1995, presidente durante apenas 14 meses y con una indemnización de 140 millones. Todos ellos, como Tulloch, cobraron fortunas por cambiar de aires. Y el dinero, otra vez, no bastó para retenerlos.
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Imagen: xataka.com
