El estudio de Anthropic sobre el futuro del empleo tiene un mensaje que incomoda a más de uno, y con razón. Programadores, diseñadores, abogados, financieros, periodistas… todos los que trabajan con datos y despachos podrían estar en la lista de los que salen peor parados si la inteligencia artificial sigue avanzando al ritmo que algunos imaginan. En cambio, quienes trabajan con las manos, electricistas, enfermeros, gente de la construcción, podrían salir bastante bien parados. Al menos hasta que los robots aprendan a hacer bien esas tareas.
Conviene aclarar una cosa desde el principio, porque no se trata de una predicción. El Econ Scenario Explorer de Anthropic deja jugar con cinco variables, capacidades, adopción, autonomía, aumento de productividad y tiempo necesario para cambiar de empleo, y a partir de ahí dibuja qué economía saldría de cada combinación. De ese ejercicio salen tres escenarios. El modesto, con un impacto parecido al que tuvo internet en su día. El sustancial, que sería una auténtica revolución para los trabajadores del conocimiento. Y el extremo, donde la adopción llegaría a una velocidad de vértigo.
Mal asunto para los trabajadores de oficina
En el escenario sustancial, Anthropic calcula que en 2030 la IA podría hacer la mitad del trabajo que hoy realizan los trabajadores del conocimiento, y buena parte de esas tareas de forma autónoma. La economía crecería al doble de su ritmo habitual, pero los sueldos de ingenieros, abogados, enfermeros o periodistas se quedarían congelados mientras suben los de otros oficios. En el escenario extremo la cosa va todavía más lejos, con una IA que supera a los humanos en casi todas las tareas cognitivas y apenas deja hueco para trabajos intelectuales nuevos.
¿Y adónde va toda esa gente? A ocupaciones menos expuestas. Anthropic pone dos ejemplos claros, electricista y enfermero, aunque la lista se amplía sola con oficios como la fontanería o la carpintería. La IA diseña infraestructuras sin apenas necesitar cerebros de despacho, pero alguien tiene que construir físicamente todo lo que esas máquinas proyectan, y ahí la demanda sube.
La economía crece, los salarios no siempre
Los números impresionan. En el escenario modesto, el PIB de Estados Unidos en 2030 sería un 1,6% superior al que habría sin IA. En el sustancial, un 8,3%. Y en el extremo, un espectacular 32,4%, hasta rozar los 44,4 billones de dólares, con crecimientos anuales del 15% capaces de duplicar la economía cada cuatro años y medio. El problema es que en ese mismo escenario los salarios de los trabajadores de cuello blanco caerían más de un 10% y su desempleo se dispararía.
Ahí aparece la pregunta incómoda, quién se lleva el dinero. Hoy en Estados Unidos alrededor del 60% de cada dólar producido va al trabajo y el 40% al capital. En el escenario extremo esa proporción se invierte, 45,2% para el trabajo y 54,8% para el capital. La riqueza crece, pero los ingresos laborales apenas se mueven.
Lo que piensa la gente y lo que falta por contar
Anthropic hizo una encuesta en agosto con 10.980 estadounidenses. La respuesta más habitual se acercaba al escenario sustancial, una economía un 10% mayor en 2030 y un paro cercano al 5%. Solo 1 de cada 10 imaginaba algo extremo. La propia empresa admite que su modelo es una simplificación enorme, sin ciclos económicos, crisis financieras ni respuestas políticas de por medio.
Por ahora los datos reales pintan algo mucho menos dramático. Su Economic Index sigue viendo una mezcla de automatización de tareas y aumento de capacidades humanas. En una encuesta de junio, solo un 10% veía probable perder su empleo en el año siguiente, aunque el miedo crecía al hablar de los compañeros más junior.
Queda un detalle que el propio estudio reconoce como su gran laguna. No incluye robots avanzados capaces de hacer tareas manuales. Electricistas, fontaneros y trabajadores de la construcción están protegidos porque la IA maneja datos digitales, no objetos físicos. Pero si la IA física llega a hacerse realidad, el golpe será igual de fuerte para los de cuello blanco y para los de cuello azul.
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Imagen: xataka.com
