La industria del alcohol tiene un nuevo dolor de cabeza y se llama Ozempic. Los fármacos que forman parte de la familia de los agonistas de la hormona GLP1, como Ozempic o Zepbound, ya habían revolucionado el mercado farmacéutico gracias a su efecto adelgazante. Pero la historia no termina ahí. Ahora hay indicios cada vez más sólidos de que estos medicamentos también podrían ayudar a reducir el consumo de alcohol, algo que pone en aprietos a todo un sector.
Las pruebas empiezan a acumularse. Hace unos meses un estudio ya apuntaba que la semaglutida, el compuesto activo que utilizan fármacos como Ozempic o Wegovy, servía como apoyo en el tratamiento de la adicción al alcohol. Y ahora llega la confirmación. En 2026 la revista The Lancet publicó un ensayo más amplio y más largo, con 108 participantes. La mitad recibió semaglutida y la otra mitad un placebo, durante 26 semanas. El resultado dejó poco margen a la duda. Quienes tomaron semaglutida redujeron los días de consumo intenso en un 41,1%, frente al 26,4% del grupo que recibió placebo.
De tratamiento para la diabetes a fenómeno social
Todo empezó hace un par de años, cuando Ozempic pasó de usarse para controlar los niveles glucémicos en personas con diabetes tipo II a convertirse en un aliado para perder peso, incluso entre quienes no tenían diabetes. Los ensayos clínicos respaldaron ese efecto y los organismos reguladores aprobaron su uso con ese segundo propósito. A partir de ahí empezaron a aparecer otros efectos secundarios, algunos de ellos bastante positivos, y entre ellos esa aparente reducción en el consumo de alcohol.
¿Cómo funciona todo esto? La hormona GLP1 cumple varias funciones en el cuerpo y una de ellas es avisarnos de que ya hemos saciado el apetito. Los fármacos que imitan su acción generan esa misma sensación de saciedad, así que comemos menos y adelgazamos. Lo curioso es que muchos usuarios notaron que la sensación no se limitaba a la comida. También afectaba a las ganas de beber. El mecanismo exacto todavía no está claro del todo, aunque cabe pensar que entran en juego los mismos procesos. Hay otro factor a tener en cuenta. Entre los efectos secundarios de estos fármacos aparecen las náuseas y los vómitos, y eso puede hacer que el alcohol resulte bastante menos apetecible.
Estudios prometedores pero todavía cortos
Estos trabajos se basan en ensayos aleatorizados controlados con placebo. Se reparte a los participantes en dos grupos, uno con semaglutida y otro con placebo, y luego se comparan los resultados. Lo que vieron fue que quienes recibían el tratamiento bebían menos. No reducían tanto el número de días de consumo, pero cuando bebían lo hacían en menor cantidad. Klara Klein, integrante del equipo del primer estudio publicado sobre esto, lo explicaba así en una nota de prensa. Estos datos sugieren el potencial de la semaglutida y de fármacos similares para cubrir una necesidad de tratamiento del trastorno por consumo de alcohol. Y añadía que hacen falta estudios más amplios para entender del todo la seguridad y la eficacia, aunque los primeros resultados resultan prometedores. El equipo presentó los detalles en un artículo publicado en la revista JAMA Psychiatry.
El tamaño reducido de la muestra deja claro que aún queda mucho trabajo por delante. Para comprender de verdad el potencial de Ozempic frente a las adicciones harán falta experimentos con muestras mayores y estudios que ayuden a entender los mecanismos biológicos que hay detrás, además de los posibles riesgos. Mientras tanto otros equipos siguen investigando beneficios y riesgos de esta familia de fármacos. Uno de los campos más interesantes es la salud cardiaca, donde ya se han empezado a ver algunos beneficios potenciales que, igual que ocurre con el alcohol, todavía necesitan más análisis, aunque los primeros datos parecen ir en la misma dirección.
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Imagen: xataka.com
