Freír un huevo sobre el capó de un coche recalentado por el sol da una idea del poder térmico que puede tener el astro rey, pero esa imagen se queda pequeña ante lo que ocurre en el corazón de los Pirineos franceses. Allí, encajado en la ladera de una montaña, hay un edificio capaz de concentrar la luz solar hasta transformarla en una fuente de calor artificial tan brutal que podría derretir el acero. Se trata del horno solar de Odeillo, la instalación solar más potente del mundo, ubicada en Font-Romeu-Odeillo-Via.
Este coloso comparte el trono con la instalación de Parkent, en Uzbekistán. Lo que más impresiona nada más verlo es su enorme espejo curvo, que mide 54 metros de alto por 48 de ancho y está formado por 9.000 facetas. No es un capricho estético. Ese diseño concentra la luz del sol hasta 10.000 veces su intensidad natural, lo que permite alcanzar temperaturas de entre 3.300 y 3.500 grados centígrados, según los datos del laboratorio que lo gestiona, PROMES-CNRS. El sistema combina 63 espejos planos motorizados que siguen el recorrido del sol y devuelven su luz hacia un gran reflector parabólico fijo de 1.830 metros cuadrados. Toda esa energía converge en una torre focal, en un punto de apenas 40 centímetros de diámetro donde se desarrolla una potencia térmica de un megavatio.
De un espejo antiaéreo a los combustibles solares
La historia de esta maravilla arranca en los años 40, cuando el químico Félix Trombe logró concentrar luz solar con un espejo de defensa antiaérea reutilizado. En 1949 se levantó el primer prototipo en la ciudadela de Mont-Louis, a poco más de 10 kilómetros del emplazamiento actual. Entre 1962 y 1968 se construyó el horno tal y como lo conocemos hoy. La ubicación no fue casualidad. La Cerdaña francesa ofrece muchísimos días de sol al año y una atmósfera de gran pureza óptica en altitud, condiciones perfectas para reducir al mínimo las pérdidas de radiación.
Funciona sin parar desde 1969 y fue el primer intento serio de aprovechar la energía solar con fines industriales, mucho antes de que existieran las plantas solares que hoy nos resultan tan comunes. Aunque pionero, su papel siempre ha sido más de investigación que de generación. Abrió camino a una de las primeras centrales solares de torre del planeta, la de Thémis, a principios de los años 80. Hoy tiene esencialmente dos usos: el estudio y fabricación de materiales resistentes a condiciones extremas, con aplicaciones en la industria aeronáutica, y el desarrollo de combustibles solares. Un ejemplo reciente es Sunfuel, un proyecto que utiliza el calor del horno para calentar óxidos metálicos y generar gases que luego se convierten en carburantes limpios.
Conviene recordar una cosa importante. A pesar de sus cifras de récord, no es una central eléctrica: no produce electricidad de forma significativa ni forma parte del mix de renovables actual. Frente a Parkent, ambos son los dos únicos hornos solares de 1.000 kW teóricos del mundo, con temperaturas de foco parecidas. Aun así, Odeillo gana en potencia real. El parque uzbeco tiene un espejo ligeramente mayor, 1.840 metros cuadrados frente a 1.830, pero su menor altitud, 1.050 metros contra los 1.600 de Odeillo, reduce la intensidad solar disponible y limita su potencia útil a 700 kW frente a los 1.000 kW de la instalación francesa.
Fuente
Imagen: xataka.com
