Configurar por primera vez un ordenador con Windows 11 ya no será lo mismo, y quien acabe de estrenar un equipo lo notará enseguida. Microsoft ha empezado a distribuir una modificación en el proceso de arranque inicial, ese que aparece nada más encender la máquina, que obliga a bajar e instalar automáticamente las actualizaciones críticas antes de dejar entrar al escritorio. La idea que hay detrás es sencilla de resumir, aunque cambie bastante las cosas: que un PC nuevo empiece a usarse con el mayor nivel de seguridad posible desde el primer momento, sin depender de que su dueño se acuerde de comprobar nada.
Qué cambia en la primera configuración
El proceso al que afecta todo esto tiene un nombre técnico, Out of Box Experience u OOBE, y es básicamente la serie de pantallas de bienvenida que se van pasando al configurar un equipo por primera vez. La novedad llega con una actualización llamada KB5095189, pensada para los ordenadores con Windows 11 en sus versiones 24H2 y 25H2. En cuanto el ordenador detecta que hay conexión a Internet durante esa fase, se pone a descargar por su cuenta controladores esenciales, parches de seguridad y los famosos parches zero day, esos que cubren fallos que ya se están aprovechando.
Y aquí viene el detalle que a más de uno le llamará la atención. El proceso es obligatorio, punto. No hay botón para cancelarlo ni para dejarlo para más tarde. Lo único que aparece es un aviso indicando que el sistema está buscando e instalando lo que hace falta. Hasta ahora la costumbre era otra: se completaba la configuración, se llegaba al escritorio y ahí uno se encontraba con una lista larguísima de cosas pendientes en Windows Update. Con este planteamiento Microsoft mueve todo ese trabajo a un momento anterior, de modo que el equipo aterrice ya con los componentes críticos al día y mucho menos expuesto.
Más seguridad, pero también más espera
La lógica detrás de la decisión se entiende sin muchas vueltas. Mucha gente no abre Windows Update nada más estrenar el ordenador o tras una instalación limpia, y eso deja la puerta abierta durante horas o incluso días a vulnerabilidades que ya tienen solución. Al instalar de forma automática los controladores y los parches antes del primer uso, todos los equipos parten de un mínimo de protección, sepa o no de informática quien esté delante.
Eso sí, no todo son ventajas. El tiempo que tarde en completarse la configuración ya no dependerá solo de lo potente que sea el hardware, sino también de la velocidad de la conexión y de cuántas actualizaciones haya que bajar. Si el equipo trae una imagen de Windows algo antigua, la cosa puede alargarse bastante antes de ver el escritorio por primera vez. Microsoft ha lanzado además nuevos paquetes dinámicos para las herramientas de instalación y recuperación, dentro de esa manía suya de tener todo lo relacionado con el despliegue del sistema perfectamente actualizado.
Es una tendencia que este sistema operativo lleva tiempo mostrando: automatizar cada vez más lo que tiene que ver con configuración, mantenimiento y seguridad, para reducir fallos y ofrecer una experiencia parecida en todos los equipos. La contrapartida es evidente y toca hablar de ella sin rodeos. Las actualizaciones obligatorias pasan a aplicarse incluso antes de acceder por primera vez al escritorio, sin opción a aplazarlas ni rechazarlas, y el usuario cede así otro pedazo de control sobre su propia máquina.
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Imagen: muycomputer.com
