Los centros de datos son máquinas que devoran electricidad y, sin darse cuenta, la convierten casi toda en calor. En Odense, Dinamarca, alguien decidió que ese calor no tenía por qué perderse. Y ahí está el detalle interesante, porque en lugar de tirar toda esa energía al aire, la usan para calentar 11.000 hogares de la ciudad. El agua de la red de calefacción urbana pasa a través de las unidades de refrigeración de las instalaciones y, justo después, unas bombas de calor elevan la temperatura lo suficiente para alimentar los radiadores de media ciudad.
Pensemos en ello un momento. Un centro de datos es, básicamente, un radiador eléctrico gigantesco que además ejecuta servidores. Casi toda la energía que saca de la red termina transformada en calor, y la mayor parte de ese calor simplemente se expulsa fuera y se pierde. El proyecto de Odense, gestionado por Meta y la empresa pública local Fjernvarme Fyn, agarra ese calor sobrante y lo mete en las casas.
De dónde sale realmente ese calor
La refrigeración es la parte que produce la mayor cantidad de calor reutilizable. Según el Instituto de Estudios sobre Medio Ambiente y Energía, alrededor del 40 % del uso total de energía de un centro de datos se destina a mantener fríos los servidores, y casi todo eso acaba siendo calor de baja temperatura. El problema está justo ahí, en la temperatura. El aire que sueltan los servidores es templado, no caliente, así que por sí solo no tiene fuerza para calentar los radiadores de una vivienda.
Odense lo resuelve haciendo circular agua de su red de calefacción urbana ya existente directamente por el sistema de refrigeración del centro, donde el agua absorbe ese calor templado. Desde ahí viaja a un centro energético cercano equipado con bombas de calor de amoníaco, que se encargan del resto. La empresa de ingeniería Ramboll, que diseñó el sistema de recuperación, afirma que las bombas elevan la temperatura del agua hasta los 70 o 75 °C, suficiente para mandarla directa a los radiadores. La planta aporta unos 45 MW a la red de Odense, lo que la convierte en la mayor instalación de bombas de calor de Dinamarca.
Lo difícil de copiar en otros sitios
Las cifras han ido creciendo con el tiempo. Meta hablaba primero de unos 6.900 hogares y 100.000 MWh al año, y tras una ampliación la cosa subió a 165.000 MWh y 11.000 hogares. “Las bombas de calor no son un invento nuevo, ni tampoco los serpentines para capturar calor. Lo que es nuevo e innovador es la combinación de ambos a gran escala”, cuenta Lauren Edelman, especialista en energía de Meta.
Lo curioso es que las bombas y los serpentines están disponibles para cualquier operador. Lo raro es lo que hay bajo tierra, o sea, una red de calefacción urbana lo bastante grande y cercana como para absorber todo lo que genera un centro de estas dimensiones. Jan Stromvig, director general de Fjernvarme Fyn, lo explicaba así: “Nuestro proyecto es relativamente único porque contamos con una red de distribución muy grande. Y Meta ha ubicado el centro de datos completamente dentro de nuestra red, por lo que podemos usar la energía de manera muy, muy eficiente”.
El calor no viaja bien a largas distancias, de modo que el centro tiene que estar pegado a las casas que quiere calentar. Y la mayoría de países, sencillamente, no tienen un sistema de calefacción urbana tan desarrollado como el danés. Ramboll cita una estimación de la Danish Data Centre Industry según la cual el 63 % de los centros de datos del país tiene previsto empezar a aprovechar su exceso de calor en un futuro próximo. En Finlandia ya funciona un sistema parecido.
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Imagen: xataka.com
