Levantar la mano cuando un coche se detiene en el paso de peatones es un gesto que casi nadie piensa antes de hacerlo, y sin embargo la psicología asegura que detrás de ese movimiento hay bastante más que simple cortesía. Los expertos sostienen que ese pequeño saludo esconde mecanismos mentales mucho más profundos de lo que parece a primera vista, y no responde únicamente a la gratitud que sentimos hacia quien nos cede el paso.
Qué hay detrás de ese gesto tan cotidiano
Que el tráfico no sea precisamente relajante lo sabe cualquiera. Prisas, nervios, estrés acumulado, sobre todo a ciertas horas del día. Justo por eso llama tanto la atención algo tan sencillo como alzar la mano para agradecer. Lo hacen también los conductores entre sí, claro, pero resulta mucho más visible en los peatones cuando un coche frena para dejarles cruzar.
Los psicólogos meten este comportamiento dentro de lo que llaman conducta prosocial. Son esas acciones pequeñas y desinteresadas que caen bien en el trato con los demás. En el mismo saco entran cosas como echar una mano con las bolsas de la compra, compartir una ubicación con alguien de fuera o consolar a quien lo necesita. Nada espectacular, pero suma.
La amabilidad y el modelo de los Cinco Grandes
El punto interesante llega cuando los expertos conectan este hábito con la amabilidad, uno de los rasgos del conocido modelo de personalidad de los Cinco Grandes. Según esta teoría, la personalidad humana se apoya en cinco rasgos principales: apertura a la experiencia, responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo o inestabilidad emocional.
En teoría, quien saluda de forma casi automática a los conductores tiende a mostrar niveles más altos de empatía, cordialidad y disposición a cooperar. Es gente que adopta una actitud más altruista en su relación diaria con el resto. Al final es la combinación y la intensidad de cada uno de estos factores lo que termina definiendo el carácter de cada persona.
Ese saludo hacia el conductor demuestra además, sin que la persona se dé cuenta, que está atenta a quienes la rodean. Y ahí está la clave que apuntan los expertos. Este tipo de comportamiento funciona como un recordatorio de que el espacio público es un lugar compartido por todos. Un simple gesto amistoso puede bastar para bajar la tensión en una situación de estrés al volante.
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Imagen: xataka.com
