La inteligencia artificial china quizá ya esté circulando por el salón de muchas casas sin que nadie se haya parado a pensarlo. No bajo la forma de un chatbot, ni como una función escondida en el móvil, ni como una de esas promesas que acompañan a los televisores nuevos. Está en algo mucho menos llamativo, casi doméstico: un robot aspirador que recorre el suelo mientras la gente hace otras cosas.
La historia de estos aparatos no arrancó con máquinas dando vueltas a lo loco. El Electrolux Trilobite, que llegó a Europa a comienzos de los años 2000, y el Roomba Intelligent FloorVac, presentado por iRobot en 2002, ya montaban sensores y rutinas de navegación para moverse con cierta autonomía. Sus capacidades, eso sí, quedaban muy lejos de lo que vemos hoy. Lo que ha cambiado de verdad es la capa de percepción: los modelos avanzados ya no solo detectan paredes o escaleras, sino que construyen mapas más detallados, reconocen objetos y deciden con más contexto.
Las cifras ayudan a entender por qué esto no es una simple curiosidad. El mercado global de dispositivos de limpieza doméstica alcanzó los 32,72 millones de unidades en 2025, un 20,1 por ciento más que el año anterior. Dentro de ese terreno, los robots aspiradores inteligentes siguieron siendo la categoría principal, con 24,12 millones de unidades y un crecimiento del 17,1 por ciento. Son envíos, no hogares instalados, pero la escala da una idea bastante clara del fenómeno.
La IA también entra en casa por el suelo
Lo más interesante es quién manda hoy en esa categoría. En los tres primeros trimestres de 2025, el Top 5 global estuvo formado por cinco marcas chinas: Roborock, Ecovacs, Dreame, Xiaomi y Narwal. Se habla de una reorganización del mercado, con 17,42 millones de unidades enviadas en ese periodo y un crecimiento interanual del 18,7 por ciento. La lectura no deja mucho margen: China no entra en este sector como aspirante, sino como el bloque que marca el ritmo.
Y aquí empieza lo bueno. Un robot aspirador avanzado es probablemente uno de los aparatos más complejos que pueden moverse por una vivienda, porque tiene que limpiar, orientarse, esquivar líos y decidir en un entorno que cambia cada día. Cuando rodea un cable para no quedarse enganchado, evita un calcetín, distingue una alfombra o ajusta su recorrido habitación por habitación, hay algo más que aspiración: hay sensores e inteligencia artificial trabajando.
Un ejemplo probado es el Roborock Saros Z70, un robot con brazo robótico capaz de levantar objetos de hasta 300 gramos. En las pruebas llegó a coger una zapatilla, y la marca asegura que también recoge calcetines, toallas pequeñas o pañuelos, aunque no siempre reconoce todo lo que se cruza por delante.
Una carrera que no solo se juega en las pantallas
Cuando se habla de la carrera de la IA, la mirada suele ir hacia los grandes modelos: OpenAI, Anthropic, Google, DeepSeek o Alibaba Qwen, pensados para resumir, programar o responder desde una pantalla. Ese terreno sigue siendo el más visible, pero no es el único. China también empuja una vía mucho más física y cotidiana, capaz de llevar percepción, navegación y decisión a las tareas de casa.
El caso iRobot resume bien este cambio de época. Roomba popularizó la idea del robot aspirador, pero la compañía ya no ocupa el lugar central que tuvo durante años: quedó fuera del Top 5 global y se declaró en quiebra antes de pasar a manos de la firma china Picea Robotics. Junto con los datos más recientes del mercado, todo apunta a que el antiguo referente occidental perdió terreno mientras una nueva generación de marcas chinas se hacía con el control.
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Imagen: xataka.com
