Heredar zapatos: el error que alerta a los podólogos y daña el pie infantil

Podólogos advierten: reutilizar el calzado desgastado entre hermanos puede alterar la pisada y provocar lesiones en los niños

by Redazione
Heredar zapatos: el error que alerta a los podólogos y daña el pie infantil - heredar zapatos infantil

Heredar zapatos entre hermanos suena a decisión de sentido común, sobre todo cuando el mayor pega un estirón y deja unas zapatillas casi nuevas colgadas en el armario. La cuenta parece salir sola: aprovechar lo que ya se ha pagado y evitar tirar algo que funciona. El problema es que esa lógica financiera tan impecable choca de lleno con la biomecánica infantil y con lo que la salud del pie exige a esas edades.

La clave, según explica la podóloga Rebeca Prieto Riaño, no está en cómo se ve el zapato por fuera. Está dentro, en la suela, en esas zonas de desgaste que el primer niño ha ido dejando con el tiempo. Cada persona camina a su manera y reparte el peso de forma única. Con el uso, el calzado se va moldeando a ese patrón concreto y termina creando pequeñas cuñas invisibles. Cuando un segundo niño se pone esos zapatos, su pie se ve obligado a adaptarse a una horma y unas inclinaciones que no son las suyas.

Por qué un zapato usado puede alterar la pisada

Ese ajuste forzado no es un detalle menor. Puede alterar de forma notable la pisada y abrir la puerta a problemas biomecánicos, lesiones tendinosas y musculares, además de las clásicas ampollas y rozaduras cuando el soporte no acompaña como debería. No existen todavía ensayos clínicos que cierren el asunto, pero la evidencia directa llega de guías como el documento Children’s Footwear Advice de la Suffolk Podiatry Paediatrics y del consenso entre especialistas.

Y hay datos que respaldan la idea. Distintos estudios biomecánicos muestran que el calzado modifica los parámetros de la marcha infantil, desde la velocidad y la longitud del paso hasta los rangos de movimiento del tobillo y la rodilla. Un metaanálisis publicado en 2011 ya concluía que los zapatos afectan de manera irremediable a la marcha de los niños. Un trabajo más reciente, aparecido en Gait & Posture en 2023, demuestra cómo las alturas asimétricas en el calzado provocan cambios en la cinemática de la marcha y en la activación muscular.

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El riesgo dermatológico y la única excepción

Al margen de la mecánica, hay un factor dermatológico que conviene tener presente. Las guías de podología pediátrica desaconsejan el calzado de segunda mano por el riesgo de infecciones. Compartir zapatos cerrados que han acumulado sudor y humedad facilita muchísimo la transmisión de patógenos cutáneos, sobre todo los dermatofitos, esos hongos que provocan el pie de atleta.

¿Significa esto que hay que tirar de inmediato cualquier zapato que se le quede pequeño al hijo mayor? No necesariamente. Los expertos en ortopedia infantil y podología marcan una excepción clara: el calzado con uso residual. Unos zapatos de una boda que se pusieron una tarde, o unas botas de agua estrenadas tres veces antes de que el pie creciera, sí pueden pasar de un niño a otro. La única condición innegociable es que no muestren signos de adaptación a la pisada anterior.

Fuente
Imagen: xataka.com

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