Elegir entre DDR5 y DDR4 en 2026 ya no es una cuestión de números y velocidad pura, sino de cuánto dinero estamos dispuestos a soltar. La crisis de la DRAM lo ha puesto todo patas arriba y hoy la memoria se ha convertido en uno de los apartados que más peso tiene dentro del presupuesto de cualquier PC. Quien tenga pensado montar un equipo nuevo lo sabe bien, porque el gasto en RAM se ha disparado de una forma que hace apenas un año habría parecido imposible.
Buena parte de la culpa la tiene la enorme demanda de memoria para los centros de datos dedicados a la inteligencia artificial. La mayoría de fabricantes ha reorientado sus líneas de producción hacia la memoria HBM para servidores, mucho más rentable que el mercado doméstico. El resultado es que 2026 no es precisamente el mejor momento para armar un ordenador. Pero si no queda otra, conviene mirar con calma si realmente vale la pena dar el salto a DDR5 o si sigue teniendo sentido apostar por DDR4.
Cuánto cuesta la memoria en 2026
La subida de precios ha castigado con especial saña al estándar más reciente, mientras que DDR4 aguanta el tirón gracias al stock que aún queda y a que se fabrica en nodos antiguos, poco atractivos para las empresas de IA. Un kit estándar de 32 GB DDR5 a 6000 MHz CL30, que en verano de 2025 costaba entre 80 y 100 euros, a mediados de 2026 supera los 400 euros según el fabricante, que a su vez fija el precio en función de la disponibilidad.
En cambio, un kit de 32 GB DDR4 a 3200 MHz CL16 o 3600 MHz CL18 se mantiene bastante estable, moviéndose entre los 70 y los 90 euros. Sigue habiendo unidades suficientes y muchas marcas han retrasado el apagado definitivo de sus líneas de producción para cumplir con contratos industriales a largo plazo. Traducido a la práctica, montar un equipo con memoria DDR5 cuesta entre 3 y 4 veces más que la misma cantidad de DDR4. Y a eso hay que añadir el precio más alto de las placas compatibles con el nuevo estándar. El precio de la DDR5, además, cambia casi cada semana.
Diferencias técnicas y rendimiento en juegos
En cuanto a arquitectura, DDR5 llegó con cambios importantes que van mucho más allá de la velocidad bruta. Las frecuencias habituales pasan de los 3200 a 3600 MHz de DDR4 a un rango de 6000 a 7600 MHz, con picos por encima de 9200 en overclocking, lo que duplica el ancho de banda teórico. Cambia también la gestión de canales, con dos subcanales de 32 bits por módulo frente al canal único de 64 bits, algo que mejora la eficiencia al atender las peticiones del procesador.
Otro punto interesante es la gestión de energía. En DDR5 el PMIC va integrado en el propio módulo, con voltajes más bajos, 1,1V frente a 1,2V, y un control térmico más fino. Además incorpora corrección de errores nativa On Die ECC, que estabiliza los chips de alta densidad a frecuencias extremas. La latencia real, que fue el gran talón de Aquiles de los primeros kits, ya se ha equilibrado, quedando en torno a 10 ns en ambos casos.
Ahora bien, el rendimiento en gaming no justifica por sí solo la enorme diferencia de precio actual, aunque hay matices según el uso. A 1080p, con dependencia de la CPU, DDR5 ofrece una ventaja de entre el 5% y el 15% en FPS medios si se acompaña de una gráfica potente. Donde brilla de verdad es en los 1% lows, esos mínimos de frames, con una estabilidad entre el 15% y el 20% mayor en títulos exigentes como Cyberpunk 2077, lo que se traduce en menos tirones. A 1440p y 4K, en cambio, el cuello de botella se traslada por completo a la GPU y la diferencia entre DDR4 y DDR5 baja a un margen de entre el 2% y el 5%, algo prácticamente imperceptible mientras se juega. Todo depende, al final, de la resolución que se use.
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Imagen: hardzone.es
