Durante décadas los astrofísicos creyeron conocer bien el barrio estelar más próximo al Sol, y sin embargo cuatro enanas blancas han permanecido ocultas casi delante de nuestras narices. Son los cadáveres densos y fríos de estrellas que un día se parecieron al Sol, y hasta ahora nadie las había visto de forma directa. Esta semana un equipo internacional ha conseguido observarlas por primera vez, todas a menos de 20 pársecs de la Tierra, unos 65 años luz. Una de ellas ya ostenta el título de novena enana blanca más cercana a nuestro sistema.
Por qué habían pasado desapercibidas tanto tiempo
El truco está en la compañía. Los cuatro sistemas estudiados son binarios, y las parejas de estas enanas blancas resultaron ser enanas rojas, astros bastante más grandes y luminosos en la luz visible. Su brillo tapaba por completo el débil resplandor de los restos estelares. El trabajo, publicado el pasado martes en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, se apoyó en una mezcla ingeniosa de datos de archivo y observaciones en el ultravioleta.
“No podíamos ver estas cuatro estrellas directamente en longitudes de onda visibles porque sus compañeras enanas rojas eclipsaban su luz”, explica Mairi O’Brien, investigadora de la Universidad de Warwick y primera autora del estudio. La pista inicial fue un bamboleo radial, ese balanceo sutil que delata la presencia de un objeto masivo e invisible tirando gravitatoriamente de la estrella. Para confirmarlo el equipo recurrió al espectrógrafo ultravioleta del telescopio espacial Hubble, donde estas estrellas suelen destacar por sus altísimas temperaturas superficiales. Aun así tuvieron que diseñar calibraciones a medida para limpiar el ruido de las fulguraciones de las enanas rojas.
El enigma de G 203-47
Uno de los sistemas, bautizado como G 203-47, se ha convertido en un verdadero rompecabezas. Está a solo 25 años luz, pero los científicos tardaron 27 años en localizar la enana blanca escondida. La rareza es su ritmo: la enana roja gira sobre sí misma una vez cada más de 100 días, mientras completa la órbita en apenas 14,9 días. En pares tan cercanos las fuerzas de marea suelen sincronizar ambos movimientos, el mismo efecto que hace que la Luna muestre siempre la misma cara a la Tierra. Aquí no ocurre.
“G 203-47 no debería rotar tan lentamente si se hubiera formado como otros sistemas similares”, apunta David Wilson, coautor e investigador en la Universidad de Colorado Boulder. Los modelos preveían entre cuatro y cinco parejas de este tipo en la región, y el equipo encontró exactamente cuatro. Con todo, solo un 30 por ciento de las enanas rojas cercanas se ha examinado a fondo. Pier-Emmanuel Tremblay calcula que podría haber hasta 9 o 10 sistemas más esperando ser descubiertos.
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Imagen: agenciasinc.es
