Starfire es el nombre que Intel ha elegido para su nuevo sistema en chip pensado para el espacio, un procesador de grado espacial que cambia las reglas del juego en la computación destinada a satélites, sondas y plataformas orbitales. La compañía lo ha desarrollado para el gobierno de Estados Unidos y, mirándolo de cerca, no es un chip cualquiera. Combina lo mejor que Intel tiene hoy sobre la mesa para crear algo capaz de aguantar condiciones que harían fracasar a casi cualquier otro componente.
La receta técnica es interesante. Starfire mezcla el nodo Intel 18A, el empaquetado Foveros (esa tecnología de apilamiento en 3D que permite meter varios componentes en una sola cápsula) y una GPU Xe basada en Intel 3. El resultado es una pieza pensada para ejecutar cargas de inteligencia artificial directamente en órbita, sin depender de nada en tierra.
Ocho núcleos, GPU Xe y una NPU pensada para la IA espacial
Vayamos a los números, que aquí es donde la cosa se pone concreta. Starfire llega en dos configuraciones. Una versión de bajo consumo con un TDP de 10 W y otra de rendimiento que sube hasta los 35 W. Las dos comparten la misma base, es decir, una arquitectura de ocho núcleos, cuatro de tipo P y cuatro de eficiencia, más una NPU fabricada en el nodo 18A. La GPU integrada suma cuatro núcleos Xe y 64 unidades de ejecución, esta vez apoyándose en el nodo Intel 3. La jugada recuerda mucho a lo que Intel hizo con Clearwater Forest, apilando tiles de computación avanzados sobre bases más maduras.
Las diferencias entre las dos variantes no están solo en el consumo. También cambian las frecuencias y, sobre todo, la potencia dedicada a la inteligencia artificial. El modelo de bajo consumo trabaja a 1,0 GHz en los núcleos P y 850 MHz en los de eficiencia, con la GPU moviéndose entre 800 MHz y 1,0 GHz. En total alcanza 45 TOPS. La versión de rendimiento aprieta el acelerador y sube a 3,1 GHz y 2,1 GHz respectivamente, con una GPU que llega a 2,0 GHz y un total de 75 TOPS. Una cifra nada despreciable para un chip que va a vivir en el vacío del espacio.
Hay más detalles que importan. Starfire es compatible con memoria LPDDR5 y DDR5, ofrece soporte para 12 líneas PCIe Gen4 y presume de una vida útil superior a los 10 años, algo indispensable cuando hablamos de misiones que duran una eternidad. El despliegue lo gestionará Intel Government Technologies, con las primeras muestras previstas para el tercer trimestre de 2026 y una fabricación nacional bajo el estatus de Trusted Foundry, un punto que no es menor cuando el hardware va destinado a defensa y seguridad.
Diseñado para aguantar donde otros se rinden
Y aquí llega el argumento más llamativo. La resistencia es uno de los pilares de Starfire. El chip está preparado para funcionar entre los –55 °C y los 125 °C, soportar radiación ionizante y aguantar eventos de un solo impacto, los famosos SEE, SEL y TID. La certificación completa todavía está en marcha, eso es verdad, pero Intel asegura que el diseño incorpora un endurecimiento a nivel de arquitectura para mitigar los efectos de la radiación. No es un detalle menor, porque conseguir esa robustez en un nodo tan avanzado como el 18A es uno de los retos más complicados de la ingeniería actual.
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Imagen: hardzone.es
