Los problemas de cobertura móvil en Villar de Olalla, en la provincia de Cuenca, no dan tregua. Desde hace semanas casi todo el pueblo vive la misma escena: llamadas que se cortan, señal que va y viene, la sensación de estar incomunicados. Y no parece cosa de un teléfono estropeado, porque los vecinos lo notan con terminales distintos y en zonas distintas del municipio. El Ayuntamiento de Villar de Olalla ha decidido tomar cartas en el asunto y transformar cada queja en algo que pese de verdad.
La cosa viene de lejos. El Consistorio ya trasladó el asunto al Servicio de Telecomunicaciones de Castilla-La Mancha, que confirmó una avería en una de las antenas. Días después llegó el aviso de que todo quedaba reparado. Solo que la realidad de la gente iba por otro lado: seguía costando llamar y mantener la cobertura. Así que el propio servicio regional pidió al Ayuntamiento que siguiera aportando incidencias para forzar una nueva revisión. La avería podía figurar como cerrada sobre el papel, pero el servicio real seguía fallando.
Cada número de incidencia suma más que una queja suelta
La estrategia municipal parte de algo sencillo. Cada afectado tiene que contactar con su compañía, explicar los fallos de llamadas o de señal en Villar de Olalla y abrir una incidencia. Luego basta con dar al Ayuntamiento el código asignado y el nombre del operador. Con eso el municipio agrupa casos, fechas y compañías sin pedir datos personales de más. La idea recuerda a lo que hacen algunos ayuntamientos catalanes cuando trasladan averías repetidas a las telecos: una reclamación colectiva gana fuerza cuando se apoya en avisos que se pueden rastrear.
El Ayuntamiento fijó el 27 de agosto como fecha tope para reunir los primeros códigos. Con ellos en la mano volverá a dirigirse al servicio autonómico para exigir que se revise el problema y se tomen medidas. El razonamiento es directo: cuantos más expedientes pueda enseñar, más peso tendrá para reclamar.
El operador sigue siendo la primera puerta
La recopilación del Ayuntamiento no sustituye la reclamación de cada cliente. La Oficina de Atención al Usuario de Telecomunicaciones deja claro que primero hay que acudir al operador, que está obligado a admitir la queja por teléfono y a entregar un número de referencia. Si se hace por llamada, también se puede pedir un documento que acredite lo reclamado.
Cuando la compañía no responde en un mes o la respuesta no convence, se puede recurrir a esa oficina. El plazo para esa segunda reclamación es de tres meses. Guardar el código, la fecha y cualquier comunicación evita que el caso se quede en una conversación imposible de demostrar. Por eso Villar de Olalla no busca mensajes genéricos, sino expedientes de operadores distintos que ayuden a localizar el alcance real del fallo y evitar que una reparación dada por terminada cierre el asunto antes de tiempo.
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Imagen: xatakamovil.com
