Hay pocas cosas tan irritantes como una silla de escritorio que empieza a fallar justo cuando estás metido de lleno en el trabajo o en plena partida. Decides ajustar la altura, esperas un movimiento suave y en su lugar sientes una serie de tirones bruscos con ese crujido metálico de fondo. Es la señal clásica de que el pistón de la silla está pidiendo a gritos un poco de atención. La buena noticia es que ese comportamiento a saltos tiene arreglo, y muchas veces sin gastar un solo euro.
Cuando el pistón de gas se mueve a trompicones o hace ruido al subir y bajar, la reacción más común es dar la silla por perdida. «Se rompió, toca comprar otra». Pero antes de tirar la toalla conviene agotar todas las opciones, salvo que la silla ya haya aguantado bastante y consideremos que se ha ganado el descanso.
El verdadero culpable es el lubricante mal repartido
Para entender por qué la silla se comporta como si fuera por un camino de piedras hay que asomarse dentro del mecanismo. Los pistones de gas funcionan con una mezcla de aire o nitrógeno a presión más un lubricante interno que mantiene todo deslizando como debe.
Con el paso del tiempo, la falta de uso en ciertas posiciones o simplemente el peso continuado hacen que ese lubricante se desplace hacia los extremos o se acumule en zonas muertas. Cuando el aceite deja de cubrir de forma uniforme las paredes del cilindro, el metal roza contra el metal y las juntas de goma se frenan en seco. Pasa igual que cuando a un motor le falta aceite. De ahí ese avance a tirones y esos ruidos de fricción tan molestos.
La parte tranquilizadora es que marcas de referencia en el sector de las sillas ergonómicas y de gaming, como Secretlab, tienen un protocolo pensado justo para esto. Y lo mejor es que no hace falta ni una sola herramienta. La idea es forzar que el lubricante vuelva a repartirse mediante presión y movimiento.
Los pasos para redistribuir el lubricante
El primer bloque es sencillo. Despeja la silla y sube el asiento al máximo con la palanca. Luego siéntate encima, para que tu propio peso haga la presión necesaria, y acciona la palanca para bajar el asiento hasta el mínimo. Después levántate para que suba sola de nuevo hasta arriba. Ese ciclo de subir y bajar hay que repetirlo 10 veces seguidas.
El segundo paso añade el factor giro. Siéntate y baja el asiento del todo. Una vez abajo, y sin levantarte, da cinco vueltas completas sobre ti mismo en el sentido de las agujas del reloj y luego otras cinco en sentido contrario. A continuación ponte de pie, sube la silla arriba del todo, vuelve a sentarte y repite la operación: cinco giros hacia un lado y cinco hacia el otro.
Con esta combinación de presión y movimiento el lubricante interno vuelve a extenderse por toda la superficie del pistón, que es exactamente lo que faltaba para que la silla recupere ese deslizamiento suave y silencioso.
Fuente
Imagen: hardzone.es
