Mun Jong-gi pisó suelo japonés en septiembre de 1993 con una autorización que le permitía quedarse apenas quince días. Lo que nadie imaginaba entonces, ni siquiera él, es que aquel permiso de dos semanas se transformaría en una permanencia de casi 33 años. La policía japonesa sostiene que entró usando el pasaporte de su hermano menor, con una idea clara en la cabeza: buscar trabajos mejor pagados que los que podía conseguir en Corea del Sur.
De quince días a media vida en Japón
Tenía 39 años cuando llegó. Cuando venció el plazo, sencillamente no volvió. Se quedó, y según las investigaciones siguió viviendo en el país prácticamente sin interrupción hasta 2026. Durante esas tres décadas largas habría sobrevivido con trabajos por días y empleos ocasionales, aunque las informaciones disponibles no aclaran quién lo contrataba ni cómo resolvió todos esos trámites cotidianos que en Japón suelen exigir documentación. Y ahí está uno de los grandes agujeros del relato: no se sabe cómo logró aguantar tantos años sin que su situación migratoria acabara antes con una detención.
La pista que terminó con su vida clandestina apareció en junio de 2026, cuando la policía recibió información sobre alguien que presuntamente residía de forma ilegal en el país. La Policía de la Prefectura de Shizuoka abrió una investigación que condujo hasta Mun en Yaizu, una ciudad costera al suroeste de Tokio. Fue detenido el 26 de agosto de 2026, ya con 72 años. Durante el interrogatorio habría reconocido las acusaciones y explicado que fue encadenando trabajos ocasionales.
La paradoja legal y un Japón muy distinto
Aquí entra un detalle jurídico curioso. Aunque su permiso caducó en 1993, la permanencia irregular no pasó a estar castigada penalmente hasta un cambio legislativo que entró en vigor en febrero de 2000. Por eso la acusación penal arranca desde ese momento: Mun estuvo de forma irregular casi 33 años, pero la infracción que sostiene su arresto abarca aproximadamente los últimos 26.
El contexto también dice mucho. En 1993, justo el año de su llegada, Japón contabilizaba 298.646 extranjeros que habían superado el periodo de estancia autorizado, una cifra récord. En enero de 2026 quedaban registrados 68.488. Su historia empezó en el momento de máxima expansión del fenómeno y terminó cuando el país lo había reducido de forma drástica.
La motivación que Mun habría dado a los investigadores resulta bastante sencilla: viajó a Japón esperando ganar más dinero. Lo extraordinario es que aquella decisión de finales de 1993 se estirara durante unos 12.000 días. Entró con 39 años y salió a la luz con 72.
La investigación sigue abierta porque todavía faltan piezas: cómo consiguió trabajar, qué documentación empleó, qué mecanismos le permitieron llevar una vida diaria sin residencia legal. Tampoco hay sentencia definitiva ni una decisión final sobre su posible deportación a Corea del Sur. Lo único cerrado por ahora es la cronología: entró para dos semanas en septiembre de 1993 y Japón no descubrió su larguísima estancia hasta el verano de 2026.
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Imagen: xataka.com
