El sérum de vitamina C se ha convertido en la estrella de casi todas las rutinas matutinas, y con razón, aunque su fama ha traído consigo una idea equivocada que conviene desmontar cuanto antes. Mucha gente cree que este activo puede funcionar como una especie de escudo solar por sí mismo, y eso es sencillamente falso. Aporta una protección antioxidante extra frente al daño del sol, sí, pero jamás sustituye al protector solar tradicional.
El primer punto que conviene tener claro es que la vitamina C no bloquea la radiación UV como lo hace un filtro químico o físico. Dicho de otra forma, no tiene un factor de protección solar medible por sí sola. Su efecto positivo está en otro lado, en su capacidad antioxidante. Neutraliza los radicales libres que generan las radiaciones UVA, UVB e IRA, y al hacerlo reduce el estrés oxidativo y evita parte del daño en el ADN. Aquí entran en juego los dímeros de timina, esas lesiones que la ciencia asocia estrechamente al cáncer de piel.
Qué dice la investigación sobre la sinergia de activos
La literatura científica lleva años dejando claro que la verdadera protección solar aparece cuando varios factores trabajan juntos. Uno de los primeros estudios se remonta a 1996, cuando se comprobó que la vitamina C aportaba una protección adicional frente al daño UVB al combinarse con un filtro específico. Ese mismo trabajo observó algo interesante, y es que la mezcla de vitaminas C y E resultaba todavía más protectora, y que sumar un filtro UVA elevaba el nivel de defensa de forma notable.
La cosa no se quedó ahí. En 2003, el mismo equipo publicó otro estudio en el que vio que aplicar en la piel durante cuatro días una combinación de 15% de vitamina C y 1% de vitamina E multiplicaba por cuatro, más o menos, el factor antioxidante. Números que hablan por sí solos.
Por qué el infrarrojo obliga a combinar filtros y antioxidantes
Llegados a este punto surge una duda lógica. Si ya existen cremas con SPF 50, ¿para qué añadir antioxidantes? La respuesta está en el espectro que las cremas convencionales no cubren. Un ensayo demostró que un protector con SPF 30 por sí solo no protegía frente a la radiación infrarroja A. Pero al enriquecer ese mismo factor con un cóctel antioxidante, se lograba reducir de forma significativa la sobreexpresión de factores ligados al fotoenvejecimiento de la piel.
El consenso médico es firme. No hay evidencia de que usar un sérum en lugar de crema sea buena idea, y la Academia Americana de Dermatología insiste en que el protector es imprescindible, mientras que los antioxidantes suman pero nunca reemplazan. Para que esa protección extra sea real hacen falta dos cosas, usarlo junto a un filtro de amplio espectro y contar con una fórmula estable de vitamina C, con un pH adecuado, protección frente a la oxidación y, a menudo, la compañía de la vitamina E o el ácido ferúlico.
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Imagen: xataka.com
