Tocar el avión antes de volar: el ritual secreto de miles de pasajeros

Miles de pasajeros tocan el avión antes de subir: la psicología revela por qué este gesto tranquiliza y da sensación de control.

by Tecnoandroid
Tocar el avión antes de volar: el ritual secreto de miles de pasajeros

Tocar el avión antes de subir se ha convertido en un gesto que miles de pasajeros repiten casi sin pensarlo. Una palmada sobre el fuselaje, dos golpecitos junto a la puerta, una caricia rápida o incluso un pequeño choque de puños antes de cruzar el umbral. Parece una simple superstición viral, pero quienes estudian el miedo a volar tienen una explicación bastante clara para este extraño ritual.

El pequeño gesto que comparten miles de viajeros

La escena se repite en aeropuertos de medio mundo. Apoyar la mano unos segundos sobre la carrocería, dar dos toques suaves cerca de la entrada, murmurar algo entre dientes. Las redes sociales han dejado ver hasta qué punto está extendida esta costumbre, mucho más de lo que parecía.

Cada uno lo vive a su manera. Hay quien acompaña el contacto con un mental “tú puedes”, otros desean en silencio un vuelo seguro y algunos aprovechan esos instantes para rezar por el pasaje y la tripulación. El ritual incluso se hereda dentro de las familias, como le pasa a la bloguera Michelle Tucker, que lo aprendió de su marido y ahora ve a sus hijos adolescentes haciendo exactamente lo mismo.

Qué dice la psicología sobre este ritual

Nathan Feiles, psicoterapeuta especializado en miedo a volar, lo explicaba con claridad: los pasajeros nerviosos recurren a menudo a pequeñas rutinas. Ponerse cierta ropa, comer algo concreto, repetir determinadas palabras o tocar el avión antes de entrar. Son gestos que aportan una mínima sensación de control ante una experiencia en la que uno entrega prácticamente toda su seguridad a otras personas y a una máquina.

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Quien golpea el fuselaje sabe de sobra que ese gesto no va a evitar una avería. Pero en el plano emocional funciona como una rutina que tranquiliza antes de hacer algo tan poco natural para el cerebro como moverse por el cielo a miles de metros de altura. Feiles va más allá y compara el gesto con acariciar a un caballo antes de montarlo, una especie de pacto simbólico con la aeronave. Algo así como un “confío en ti, estamos juntos en esto”.

El piloto comercial Patrick Smith lo interpreta como un gesto muy humano, de suerte y reafirmación ante un momento en el que hasta los viajeros más habituales piensan, aunque sea de reojo, en su propia vulnerabilidad. Él mismo reconoce que a veces saluda al avión con un pequeño choque de puños.

Y aquí aparece la contradicción que sostiene buena parte de la fuerza de las supersticiones. No hace falta creer literalmente que funcionan para sentir incomodidad al romperlas. La experta de viajes Katherine Dale admite que en su cabeza tocar el avión significa llegar sana y salva, y aunque sabe que su mano no mantiene nada en vuelo, bromea con que tampoco está dispuesta a poner a prueba la teoría. Otros hablan de transmitir buena energía o confiesan que lo que empezó como una elección voluntaria se ha vuelto casi una condición para volar tranquilos.

Feiles matiza que estos rituales no tienen por qué ser un problema mientras ayuden a afrontar el vuelo con calma. El asunto cambia cuando la persona empieza a depender emocionalmente de ellos. Si no completar el ritual dispara la ansiedad, o si toda la preparación previa consiste en imaginar catástrofes para sentirse listo, la estrategia acaba alimentando el miedo. Para el avión, en cambio, unas palmadas no suponen ningún problema. Smith lo confirma sin dudar y admite que, pese a ser piloto profesional, él tampoco es del todo ajeno a la costumbre.

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Fuente
Imagen: xataka.com

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