Nvidia ha presentado un sistema de refrigeración líquida que rompe todos los esquemas, y la idea central suena a contradicción: para enfriar sus servidores de inteligencia artificial usa agua caliente. Sí, caliente. La compañía asegura que con este planteamiento el problema del consumo de agua en los centros de datos queda prácticamente resuelto. Una afirmación gorda, conviene decirlo, pero detrás hay física bastante sólida.
Los propios ingenieros lo explican con una comparación curiosa. En un jacuzzi el agua suele rondar los 38 o 40 ºC, una temperatura que la mayoría aguanta unos 15 minutos como mucho. Pues bien, los nuevos servidores de refrigeración líquida de la firma pueden funcionar con agua todavía más caliente, hasta 45 ºC. Y ahí está justo el truco que hace que todo el invento sea eficiente.
Adiós a los ventiladores y la física al revés
La nueva arquitectura Rubin presume de ser la primera del mundo con refrigeración líquida de principio a fin. Sellan las placas de los servidores y eliminan los ventiladores ruidosos, esos que disparaban el sonido por encima de los 85 decibelios. El concepto de base es contraintuitivo pero ingenioso. Los chips generan tanto calor que un líquido formado por un 75% de agua y un 25% de propilenglicol, entrando a 45 ºC, es capaz de absorber toda esa carga térmica. El fluido sale del circuito a unos 55 ºC sin que el procesador pierda ni un ápice de rendimiento.
La gracia de partir de esos 45 ºC es la diferencia térmica con el aire exterior. En un PC normal el líquido circula entre 25 y 30 ºC, pero aquí la temperatura inicial tan alta permite que el sistema funcione de forma pasiva en la mayoría de climas templados. El calor se expulsa con enormes radiadores externos, sin más.
El consumo de agua casi a cero, aunque con matices
Lo realmente interesante es que ese circuito de agua solo se llena una vez durante toda la vida útil de la planta, al menos sobre el papel. Eso elimina las torres de refrigeración por evaporación, que tragan cantidades brutales de agua. Según los cálculos de la compañía, el consumo de agua de un centro de datos se puede recortar casi en un 100%.
Pero ojo, porque la empresa habla solo de lo que pasa dentro de las cuatro paredes del centro de datos. El impacto interno es enorme, eso nadie lo discute. El problema asoma fuera. Estas instalaciones necesitan muchísima energía, y tanto generarla como fabricar los chips que las alimentan puede doblar o triplicar el consumo del propio centro.
Y aquí entra la factura del gas y el carbón. Aunque las renovables ganan terreno, estas dos fuentes seguirán pesando un 40% del total en los centros de datos de inteligencia artificial hasta al menos 2030, según la Agencia Internacional de la Energía. Generar esa electricidad gasta agua a espuertas: las plantas de gas natural usan 1,17 litros por cada kWh, y las de carbón llegan a 2,2 litros por kWh.
El sistema de Nvidia resuelve el asunto puertas adentro y encima rebaja el ruido. Fuera, el margen de mejora sigue siendo notable.
Fuente
Imagen: xataka.com
