Que un bebé imite el idioma materno antes siquiera de pronunciar su primera palabra suena a exageración, y sin embargo tiene una base científica sólida. Resulta que los recién nacidos franceses lloran con una melodía que sube, mientras que los alemanes lo hacen con una que baja. No es casualidad ni folclore. Es el reflejo directo de lo que esos pequeños llevaban meses escuchando dentro del vientre. Los bebés, básicamente, reproducen la entonación de la lengua que su madre hablaba durante el embarazo.
La idea puede parecer sacada de un cuento, pero está respaldada por experimentos serios. Y lo interesante es que confirma algo que muchos intuían pero pocos habían medido con rigor, que el aprendizaje del lenguaje arranca mucho antes de lo que pensábamos. Ni gateo, ni primeras sílabas. Todo empieza en la barriga.
El experimento que lo demostró
Para llegar hasta aquí hay que retroceder al año 2009. Un equipo de investigadores de la Universidad de Würzburg quiso poner a prueba una hipótesis que sonaba atrevida, y para ello reunió una muestra muy concreta. Treinta recién nacidos franceses y treinta alemanes, todos de entre dos y cinco días de vida. La instrucción era sencilla, grabar sus llantos en momentos de hambre o necesidad de atención, nunca provocados por dolor.
Después vino la parte técnica. Se analizaron miles de llantos con software acústico para medir un parámetro clave, el contorno melódico, y en concreto el instante en que se alcanzaba el pico de frecuencia fundamental. Con esos datos en la mano, los científicos empezaron a comparar según la nacionalidad. Y las diferencias estaban ahí, claras como el agua.
Los bebés franceses mostraban un pico de frecuencia más tardío. Sus llantos arrancaban graves y subían de tono hacia el final. Los alemanes hacían justo lo contrario, con un pico más temprano, empezando agudos y cayendo al terminar. Un patrón descendente de manual.
Por qué ocurre este fenómeno
La explicación está en cómo suenan ambos idiomas. En francés, las frases suelen elevar el tono al final, mientras que en alemán la entonación tiende a caer. Los bebés, sin saberlo, estaban imitando esa banda sonora que habían escuchado durante meses. Y tiene todo el sentido, porque en el tercer trimestre de gestación el sistema auditivo del feto ya está lo bastante desarrollado como para captar lo que pasa fuera.
Eso sí, no oye palabras nítidas. El líquido amniótico y los tejidos actúan como un filtro que emborrona los sonidos concretos, pero deja pasar con claridad la melodía, el ritmo y la entonación. Justo lo que luego reproducen al llorar.
Conviene no sacar las cosas de quicio. Los análisis lingüísticos apuntan a que la significancia estadística del estudio es altísima, aunque hablamos de tendencias de población y no de una regla absoluta. No todos los bebés franceses lloran hacia arriba ni todos los alemanes hacia abajo. Es cuestión de probabilidad, no de destino.
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Imagen: xataka.com
