Hollywood sigue mandando en el cine mundial, pero las cámaras ya no ruedan donde uno esperaría. La meca del séptimo arte conserva los estudios, las agencias y el poder que decide qué proyectos salen adelante, aunque las películas propiamente dichas se están haciendo cada vez más lejos. Londres, Atlanta, Vancúver o Praga se han convertido en los nuevos escenarios, y no por casualidad. Ofrecen infraestructura, técnicos preparados y algo que pesa muchísimo en las cuentas de los estudios: incentivos fiscales.
Conviene recordar por qué nació todo allí. Cuando la industria empezó a concentrarse en Los Ángeles durante la década de 1910, había motivos de peso. Buen clima, terrenos baratos, paisajes variados. También llegaron productores independientes que buscaban escapar del control de Thomas Edison y de las demandas que su red de patentes usaba para dominar aquel cine todavía joven. Hollywood, en el fondo, creció porque salía barato.
De los blockbuster a las subvenciones
El cine espectáculo de los setenta y ochenta rompió ese modelo. Películas como Tiburón, En busca del arca perdida o Depredador pedían escenarios imposibles de montar en un plató. Rodar fuera de California dejó de ser una rareza para convertirse en un reclamo comercial. Y cuanto más grande era la producción, más sentido tenía marcharse del lugar que había levantado toda la industria.
El círculo se cerró en los años 2000 y 2010. El auge de las franquicias y las IP disparó los presupuestos, y ahí entraron ciudades de medio mundo compitiendo por atraer rodajes. Lo hicieron con créditos fiscales y devoluciones de parte del gasto local. Para un estudio, la geografía dejó de ser solo una decisión creativa. Se volvió económica. Y las cuentas cuadraban mejor cuando el cine de Hollywood no se rodaba en Hollywood.
Un análisis descubrió una relación curiosa: cuanto mayor es el presupuesto de una película, más probable resulta que se ruede entera fuera de Estados Unidos. Una superproducción tiene más gasto sobre el que aplicar incentivos, o sea más millones que ahorrar si traslada decorados y semanas de rodaje.
Nueva York que en realidad es Glasgow
Una cinta de superhéroes puede transcurrir en una ciudad genérica, en otro planeta o en edificios hechos por ordenador. Toronto sustituye a Nueva York, Praga pasa por casi cualquier ciudad europea. El caso de Spider-man: Brand New Day lo deja claro. Parecía que el personaje se movía por Queens y Manhattan, pero en realidad estaba en Glasgow. Los estudios Pinewood de allí y la magia de los efectos digitales bastaron para recrear una ciudad que da el pego.
Y al público, sinceramente, le da igual. Las encuestas revelan que a la gente no le molesta ese pequeño engaño. Como cambiar Nueva York por Glasgow o Toronto no afecta a la taquilla ni a las valoraciones, los incentivos económicos ganan siempre la discusión.
Mientras los ejecutivos que dan luz verde a los proyectos siguen en Los Ángeles, los cámaras, especialistas, decoradores y artistas de efectos visuales acaban trabajando desde cualquier parte del planeta, siempre detrás de la nueva ventaja fiscal. Esa carrera por recortar costes empuja hacia equipos más pequeños, producción en otros países y, cómo no, sustitución de parte del trabajo humano con IA. De puertas afuera Hollywood critica la inteligencia artificial, pero por dentro la usa cada vez más en sus películas.
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Imagen: xataka.com
