Cambiar la memoria a un Raspberry Pi para tener más RAM sin pagar el modelo caro ya no funciona, y no por accidente. La compañía ha decidido cerrar esa puerta a propósito, confirmando que cualquier intento de ampliación de RAM en los módulos CM5 queda bloqueado por el propio dispositivo. Da igual el esfuerzo técnico que se ponga, el sistema no reconocerá una capacidad superior a la que venía de fábrica.
El contexto ayuda a entender el porqué. La crisis de la DRAM ha golpeado con fuerza a estos equipos, disparando los precios y, de paso, empujando las ventas del Compute Module. Este último se diferencia de la Raspberry Pi clásica porque no trae puertos, ya que está pensado para integrarse dentro de otros productos. Frente al coste elevado del modelo más potente, muchos usuarios optaban por comprar la versión con menos memoria y sustituir el chip por uno de mayor capacidad que, sobre el papel, era compatible.
Cómo se descubrió el bloqueo en el CM5
Todo saltó a la luz cuando un usuario trató de reemplazar el chip LPDDR de 2 GB de un CM5 por uno de 4 GB. Lo intentó primero con un chip nuevo y luego con otro completamente funcional. Y hay que decirlo, no es una operación cualquiera, hace falta equipamiento de rework BGA y bastante conocimiento del tema. Aun así, el sistema seguía detectando solo 2 GB. Ni reflasheando el dispositivo ni cambiando componentes auxiliares el resultado se movió un ápice.
La respuesta oficial llegó desde los foros de la compañía, de la mano de PhilE y otros ingenieros de Raspberry Pi. La explicación fue clara, la empresa ha optado por bloquear las ampliaciones de RAM para frenar un problema que iba a más en el mercado de segunda mano.
El problema del mercado de segunda mano
Según cuentan los propios ingenieros, algunos usuarios compraban placas de menor capacidad, cambiaban la memoria por chips más grandes de origen desconocido y luego revendían el producto haciéndolo pasar por un modelo oficial de mayor capacidad. Un truco que generaba un riesgo doble.
Por un lado, el comprador podía acabar con hardware inestable sin saberlo. Por otro, la propia Raspberry Pi recibía reclamaciones de soporte por fallos que ni siquiera correspondían a sus productos validados. Una situación incómoda para todos.
El bloqueo no se queda solo en registrar la capacidad original del módulo. Raspberry Pi ha metido en la configuración del sistema una serie de parámetros extra ligados a la memoria, como la densidad, la organización interna, los ajustes de temporización y otros valores necesarios para soportar la creciente variedad de proveedores de SDRAM. En la práctica, esto significa un control mucho más estricto sobre qué hardware puede funcionar y cuál no dentro de estos equipos.
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Imagen: hardzone.es
