Hablar de dinero sigue siendo una de esas conversaciones que muchos prefieren esquivar, y basta con mirar lo que ocurre cada noche en un plató como el de La Revuelta para entenderlo. Allí decenas de invitados se enfrentan a dos preguntas incómodas, una sobre su vida sexual y otra sobre lo que cobran. Con la educación sexual entrando en las aulas, el primer tabú se ha ido aflojando. El segundo no. Cuando toca hablar del sueldo, casi todos titubean, sueltan una risa nerviosa o cambian de tema como pueden. Y sin embargo, hay algo que está cambiando, porque la Generación Z ha decidido romper esa regla no escrita que los Baby Boomers respetaron durante toda su vida.
Por qué el silencio sobre el sueldo aguantó tantos años
El mutismo alrededor del salario no apareció por casualidad. Tiene mucho que ver con la comparación social, esa sensación de que decir cuánto ganas te coloca automáticamente en una escala de éxito o fracaso. A eso se suma la vieja idea de que tener poco dinero equivale a tener poca ambición, algo que en España se mezcla además con un poso religioso que asocia la riqueza con la avaricia, tal y como explicaba el economista Joan Tubau. El sociólogo Iván Parro añade otro matiz interesante. El dinero dejó de ser un simple medio de intercambio y se convirtió en un marcador de estatus social. Tener o no tener define, en parte, tu lugar dentro del grupo. Por eso levantar un muro sobre el sueldo también sirve para proteger el ego. Nadie quiere exponer su posición delante de los demás.
Una generación criada entre pantallas que no ve motivos para callar
Mary Julia Koch, editora del Wall Street Journal, lo resumía bien en una intervención en Fox Business. Los jóvenes de la Generación Z han crecido publicando su vida entera en redes, desde las relaciones hasta la universidad o el trabajo, así que hablar del sueldo era el paso lógico siguiente. Y ese paso ya se está dando de forma masiva. Un estudio de Stepstone apunta que el 74% de los menores de 30 años habla abiertamente de su salario, frente a menos de la mitad entre los mayores. La presión económica ayuda a entenderlo, con alquileres altos y empleos precarios que empujan a comparar cifras para saber si te pagan bien.
En España el cambio va más lento. Un análisis de Younited señala que el 51% de los españoles prefiere no hablar de dinero de forma abierta, y hasta un 60% de los menores de 40 cree que no debe hacerse en público. Pesa la cultura, pero también la falta de formación, y el propio Banco de España lo deja claro en su última Encuesta de Competencias Financieras, donde casi la mitad de la población considera que sus conocimientos son bajos o muy bajos. Cuando no sabes cómo funciona algo, resulta más fácil callar que arriesgarte a parecer ignorante. Aun así, streamers como Ibai Llanos han logrado que hablar de sueldos, alquileres o hipotecas suene a conversación normal, y muchos jóvenes empiezan a ver en el silencio sobre el dinero más una desventaja que un tabú.
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Imagen: xataka.com
