Los caminos de Internet son bastante impredecibles y la afición por explotar espinillas lo demuestra a la perfección. Hay vídeos que enamoran a todo el mundo, como los de gatitos, y luego están estos, que directamente parten a la sociedad en dos. Para algunas personas ver reventar un grano en pantalla resulta tan placentero como hacerlo con las propias uñas. Para otras, sobre todo quienes tampoco lo soportan en la vida real, es lo más asqueroso que existe. Y sin embargo esos vídeos acumulan millones de visualizaciones. Algo debe haber ahí.
Por qué el cerebro pide más
La explicación tiene mucho que ver con la dopamina. Los humanos sentimos placer cuando el cerebro libera una buena oleada de esta hormona, que es la que gobierna los llamados sistemas de recompensa. Dicho de forma sencilla, se activan cuando hacemos algo que resulta beneficioso para la especie. El sexo, por ejemplo, ayuda a perpetuarnos, y comer chocolate nos da energía. El cerebro no distingue entre lo sano y lo puramente energético, así que igualmente genera esa sensación que empuja a repetir.
El problema es que no todo lo que enciende esos sistemas es bueno. Las drogas replican esa misma sensación sin aportar nada positivo. Dejando eso de lado, dejar de sentir dolor también produce placer, igual que contemplar algo bello. Por eso a mucha gente le encanta explotar espinillas. Con un solo gesto elimina algo doloroso y antiestético, y recibe un chute inmediato de placer.
La escala PPES y el riesgo controlado
Con los vídeos la cosa cambia, porque ahí somos meros espectadores. En 2021 un equipo de científicos austriacos ya estudió el fenómeno con 80 mujeres. Analizaron sus cerebros con resonancia magnética funcional mientras miraban estos clips y comprobaron que quienes los disfrutaban mostraban más actividad en zonas ligadas al placer, como el núcleo accumbens. Más tarde, en 2024, esos mismos investigadores crearon una herramienta a la que llamaron Escala de Disfrute de Explotar Granos, conocida por sus siglas en inglés como PPES.
El estudio se hizo en dos fases. En la primera participaron 104 personas que respondieron a un cuestionario y vieron vídeos con total libertad para adelantarlos. Se confirmó que la escala funcionaba, porque las puntuaciones más altas coincidían con menos ganas de pasar el vídeo. En la segunda, con 501 participantes, se cruzó la escala PPES con otras de personalidad. Y ahí saltó lo interesante. Quienes puntúan alto suelen ser personas que disfrutan con el riesgo controlado, esas situaciones que rozan el peligro pero que se viven desde fuera, sin amenaza real. Los mismos que suelen ser fans del cine de terror. En el fondo tiene que ver con la supervivencia, porque observar el riesgo con atención nos prepara por si algún día toca vivirlo de verdad.
Qué dice la dermatología
Explotar espinillas no es mortal, pero riesgo tiene. Rosa Taberner, dermatóloga del Hospital Son Llátzer de Palma de Mallorca y miembro de la Asociación Española de Dermatología y Venereología, explica por qué salen esos famosos hilos amarillos. La clave está en la queratina que se acumula en los poros. Las espinillas o puntos negros son lo que los especialistas llaman comedón abierto. Cuando el poro está muy dilatado y hay exceso de sebo, se acumula queratina, que se oxida al contacto con el aire. Por eso la parte superficial se oscurece, aunque el material que sale al apretar es blanco amarillento.
La dermatóloga aclara que vaciar esas espinillas con cuidado y sin traumatismo no es necesariamente malo. Son las clásicas limpiezas de cutis del skincare. Lo que no se recomienda es manipular con violencia, y sobre todo tocar nódulos, pústulas con pus y granitos rojos, porque solo se consigue más inflamación, cicatrices y pigmentación. Cuando hace falta tratamiento, suele empezarse por vía tópica con retinoides, peróxido de benzoilo, clascoterona o antibióticos combinados. En los casos graves se recurre a antibióticos orales como la doxiciclina o a retinoides orales como la isotretinoína. En mujeres adultas el componente hormonal casi siempre pesa. Taberner insiste en algo básico, y es que todos estos tratamientos los debe pautar un médico.
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Imagen: xataka.com
