Cuando se habla de la ciberguerra, salta a la vista una contradicción que cuesta pasar por alto: Estados Unidos tiene el ejército más potente del planeta, con fuerzas terrestres, navales, aéreas y espaciales, capacidad industrial enorme y medios para operar lejísimos de sus fronteras. Y sin embargo, justo en el terreno digital, hay expertos que empiezan a señalar grietas serias. Los conflictos recientes lo han dejado claro. En Ucrania los drones han cambiado tácticas y defensas, mientras los ciberataques se han convertido en otra forma de enfrentamiento habitual. Y ahí, dicen algunos, es donde la maquinaria estadounidense flaquea.
Una comisión reunida por el Center for Strategic and International Studies, junto al proyecto Cyberspace Solarium Commission 2.0, ha intentado responder a esa pregunta. El diagnóstico no es precisamente tranquilizador. En un informe publicado hace poco, sus autores sostienen que el diseño actual de las fuerzas cibernéticas estadounidenses no basta para disuadir, competir ni combatir en este dominio. No es que al Pentágono le falten especialistas o unidades operativas. El problema va más al fondo: no hay ninguna organización que se encargue, de forma coherente, de reclutar, formar y equipar al personal que necesita el Mando Cibernético.
Un dominio para el que ninguna rama fue pensada
Medir el poder militar exige algo más que contar soldados o aviones, eso lo sabe cualquiera. El dato más visible viene de SIPRI: en 2025 Estados Unidos siguió siendo, de lejos, el mayor gastador militar del mundo, con unos 883.000 millones de euros y el 33 por ciento del total global, frente a los 311.000 millones de euros estimados para China. Aquí aparece la anomalía. Washington ha creado servicios militares para los grandes dominios tradicionales, incluida la rama espacial desde 2019. El ciberespacio, en cambio, sigue sin rama propia. Las responsabilidades están repartidas entre distintos servicios, todos implicados, ninguno obligado a poner la misión por delante de sus tareas de siempre.
Esa dispersión se nota. Cada uno de los cinco servicios aplica sus propios criterios de acceso, planes de carrera y modelos de compensación, con resultados desiguales. Katherine Sutton, responsable civil de política cibernética del Pentágono, reconoció ante el Senado el 28 de abril de 2026 las importantes dificultades para captar buenos perfiles, retener a los operadores más experimentados frente a los sueldos del sector privado y ofrecer formación con agilidad.
La propuesta sobre la mesa
El Pentágono no se ha cruzado de brazos. Con CYBERCOM 2.0, anunciada en 2025, ha intentado reforzar el papel del Mando Cibernético en talento y formación. Pero la comisión cree que eso no toca el fondo del asunto: falta una rama militar dedicada a generar fuerzas para el ciberespacio. El modelo recuerda al que corrigió la ley Goldwater Nichols de 1986, que separó mejor construir la fuerza de emplearla.
¿La idea? Crear una Fuerza Cibernética con una misión clara: organizar, formar y equipar al personal, mientras USCYBERCOM se ocuparía de emplearlo. Erica Lonergan, coautora del estudio y profesora en la Universidad de Columbia, y Mark Montgomery, contraalmirante retirado, lo resumieron en una tribuna en Defense News. Si el entorno digital ya es un dominio de guerra, debería tener una rama preparada para combatir en él.
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Imagen: xataka.com
