Europa sigue dependiendo de terceros para recursos que valen oro, como el gas o el petróleo, y por eso la transición energética se ha vuelto una carrera contra el reloj. En medio de todo esto aparece un plan que suena casi a ciencia ficción: una isla artificial en el mar del Norte pensada para enchufar cientos de aerogeneradores de varios países europeos a la vez. La idea viene de Dinamarca y promete convertirse en la mayor obra de infraestructura de su historia.
El mar del Norte es una mina para la energía eólica. El viento allí sopla fuerte y constante, y eso lo transforma en el sitio perfecto para plantar turbinas. El problema, claro, era cómo llevar toda esa electricidad hasta el continente sin volverse locos con los cables. La respuesta danesa es la North Sea Energy Island, una especie de enchufe gigante que se levantará a unos 80 o 100 kilómetros de la costa oeste de Jutlandia.
Un enchufe gigante en medio del mar
Las cifras impresionan. El coste rondará los 28.000 millones de euros según la Agencia Internacional de la Energía, y la gestión quedará en manos de la operadora danesa Energinet. Al principio tendrá una capacidad de 3 GW, pero la meta es llegar a los 10 GW para 2040. Con eso se podrían abastecer unos diez millones de hogares europeos, que no es poca cosa.
La instalación no se limitará a mover electricidad. También está sobre la mesa la producción de hidrógeno verde, un combustible clave para barcos y aviones, dos industrias donde electrificar es un dolor de cabeza. Y más adelante podría sumar almacenamiento energético. Agrupar la conexión de varios parques eólicos en un solo punto tiene su lógica: se reparten los costes y se colocan las turbinas más lejos de la costa, donde el viento no falla nunca.
Un proyecto multinacional con retrasos ya en el horizonte
Todo nació del acuerdo climático danés de 2020, cuando el parlamento aprobó crear dos islas energéticas: esta artificial en el mar del Norte y otra menor, natural, en Bornholm, en el Báltico. En mayo de 2022 la cosa se afianzó con un pacto entre los ministerios de Energía de Alemania, Países Bajos, Bélgica y Dinamarca. El proyecto encaja en la estrategia europea de electrificación renovable marina que la Comisión Europea empuja desde 2019 con la mira puesta en la neutralidad climática para 2050.
Dinamarca lleva la voz cantante a través de Energinet, que construye y controla la red hasta el país. El resto de conexiones internacionales pasarán por operadores como Elia en Bélgica o Amprion en Alemania. La isla quedará unida a territorio danés por Gammelgab, en el municipio de Varde, y el enganche con la red eléctrica se hará en una planta en Revsing, municipio de Vejen.
Ahora bien, no todo brilla. La producción de hidrógeno en la isla sigue siendo un interrogante que depende de los avances tecnológicos de la próxima década, todo es cuestión de si sale más barato fabricarlo allí o en la costa. El respaldo político existe y el potencial para descarbonizar es enorme, pero el proyecto acumula retrasos y sobrecostes: se preveía para 2033 y ya se sabe que no llegará antes de 2036. También hay dudas ambientales, porque el diseño contempla transformar estructuras en arrecifes artificiales y vigilar la biodiversidad marina, aunque los permisos aún no están concedidos. Hoy por hoy esta isla energética es más una promesa que algo tangible.
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Imagen: xataka.com
