China vuelve a poner sobre la mesa una de esas obras que dejan sin palabras. Esta vez el escenario es Dalian, ciudad portuaria del noreste del país, donde avanza la construcción de un aeropuerto sobre una isla artificial que ocupará más de 20 kilómetros cuadrados ganados al mar. La imagen impresiona, sí, pero mirando bien los detalles se entiende que aquí el reto no es solo levantar hierro y hormigón sobre el agua.
El listado de megaproyectos chinos habla por sí solo. La presa de las Tres Gargantas, los puentes y túneles submarinos que unen Hong Kong, Zhuhai y Macao, el ferrocarril que trepa hasta más de 5.000 metros en el Tíbet. El futuro Aeropuerto Internacional Dalian Jinzhouwan encaja en esa lista sin ningún problema. Se está construyendo en la bahía de Jinzhou, a unos tres kilómetros de tierra firme, sobre una isla artificial de 20,1 kilómetros cuadrados. Ojo, porque las fotos pueden engañar y hacer pensar en algo más terminado de lo que realmente está.
La escala del proyecto y su estado real
Los planes aprobados hablan de una terminal de 500.000 metros cuadrados, una pista norte de 3.600 metros y otra sur de 3.400, más todo lo necesario para carga, mantenimiento y operaciones. El diseño apunta a mover en 2035 hasta 43 millones de pasajeros, 550.000 toneladas de carga y correo y unos 330.000 movimientos de aviones al año. Son cifras pensadas para el futuro, no lo que pasa hoy. Antes hay que construir todo ese sistema y ponerlo en marcha, que no es poca cosa.
El último gran avance físico documentado llegó a finales de mayo. Quedaron listas las estructuras subterráneas del núcleo de la terminal y de los espigones C y E, lo que permitió empezar a trabajar en las partes que se levantarán sobre la superficie. Casi al mismo tiempo se aprobó el segundo paquete de diseño y presupuesto, que cubre el campo de vuelo, la carga, el mantenimiento y varias redes de servicio. Los datos oficiales matizan el entusiasmo, eso sí. A finales de mayo el tratamiento profundo del terreno estaba al 58% y los pilotes de cimentación de la terminal y del viaducto de acceso al 84%. La precarga de las zonas donde irán las dos pistas se daba por terminada, aunque eso significa que el suelo ganado al mar se ha compactado y estabilizado, no que las pistas ya existan.
El reto que va más allá de la ingeniería
El giro llegó el 11 de junio, en una reunión del grupo que coordina el aeropuerto y su zona económica. Las autoridades locales presumieron de avances, sí, pero también admitieron que el proyecto todavía tiene dificultades y puntos de bloqueo que hay que resolver. Nadie habla de una obra parada ni de retrasos concretos, pero el mensaje rompe esa idea de ejecución perfecta. Entre las prioridades quedó mantener el calendario de 2026, acelerar los proyectos complementarios y desatascar lo que frena el avance.
Y ahí aparecen los frentes menos visibles. Por un lado, el Ayuntamiento de Dalian pidió cerrar los trabajos pendientes de expropiación y reubicación, además de acelerar las infraestructuras de acceso. El comunicado no dice cuántos terrenos u hogares quedan afectados, pero deja claro que la obra depende de intervenciones que van mucho más allá de la propia isla. Por otro lado está el terreno financiero y administrativo. Las autoridades quieren ampliar las vías de financiación, garantizar que los fondos lleguen a tiempo, vigilar los costes y reforzar el control sobre las licitaciones para reducir riesgos en la contratación.
Ninguno de esos frentes va por libre, y ahí estará la verdadera prueba. Las fuentes oficiales siguen mostrando una obra en marcha, sin paralizaciones ni un retraso general anunciado. La previsión más concreta, publicada por el Departamento de Transporte de Liaoning en enero de 2024, situaba la finalización y la entrada en servicio en 2028. Los próximos meses dirán si Dalian aguanta ese calendario mientras resuelve las dificultades que sus propias autoridades han puesto sobre la mesa.
Fuente
Imagen: xataka.com
