China lleva décadas moviendo el agua de sus ríos más caudalosos a través de miles de kilómetros, y el precio ecológico de esa hazaña continúa siendo un misterio que muchos científicos no terminan de descifrar. El problema de fondo es geográfico y bastante terco, porque el sur del país se inunda con frecuencia mientras que el norte vive en una situación de sequía casi permanente. Para corregir ese desequilibrio, el gigante asiático ha puesto en marcha lo que probablemente sea el proyecto de ingeniería hidráulica más ambicioso jamás intentado. Literalmente, están moviendo la naturaleza de un sitio a otro.
Una obra titánica que reescribe el mapa del agua
La idea es sencilla de entender y faraónica de ejecutar. Se trata de transferir agua desde la rica cuenca del río Yangtsé, en el sur, hasta las áridas llanuras del norte, donde se concentra buena parte de la población, la agricultura y la industria del país, pese a que esa zona apenas dispone del 20% de los recursos hídricos. De ahí nace el llamado Proyecto de Trasvase de Agua Sur-Norte, con una red colosal de canales, tuberías y estaciones de bombeo que desafían a la geografía.
Las cifras dan vértigo. Según las últimas actualizaciones del Ministerio de Recursos Hídricos de China, el sistema ya ha logrado transferir más de 70.000 millones de metros cúbicos de agua a través de sus rutas central y oriental. Desde un punto de vista hidrológico, esto equivale a mover ríos enteros de manera artificial. Los beneficiarios han sido 150 millones de personas, y la inyección de agua ha permitido incluso un reabastecimiento ecológico, recuperando el nivel freático en zonas del norte que llevaban décadas agotándose.
El reverso ecológico y demográfico del megaproyecto
Pero toda intervención masiva tiene su cara B. Mientras China redibujaba su mapa hídrico apareció un dato inquietante, porque los censos oficiales señalaban que decenas de miles de ríos parecían haber desaparecido en apenas unas décadas. La explicación llegó con un artículo publicado en 2019, que aclaró que esa desaparición no se debía a presas ni al cambio climático, sino a un problema de metodología cartográfica. Los viejos censos contaban lo que los científicos llaman pseudo ríos, con criterios poco sólidos. Al aplicar una clasificación hidráulica más consolidada, la cifra de ríos perdidos se redujo drásticamente.
Que los cauces no se evaporen de los mapas no significa que el proyecto salga gratis. Modificar el caudal de algunas de las cuencas más importantes del planeta acarrea riesgos serios. Ya en 2009, una revisión firmada por el investigador Zhang Quanfa advertía de que extraer volúmenes tan masivos del sur altera de forma irreversible el ecosistema acuático del Yangtsé. Al llegar menos agua dulce a la desembocadura, el agua del mar penetra tierra adentro y amenaza el suministro local y la agricultura del delta.
A esto se suma el coste demográfico. Expertos como Mark Wang y Chen Li apuntan a la enorme fricción política y social generada. Las autoridades han forzado el reasentamiento de cientos de miles de personas y han necesitado inversiones multimillonarias en plantas de tratamiento, para evitar que el agua contaminada del sur arruine las reservas limpias del norte.
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Imagen: xataka.com
