Gibraltar y Galicia están separadas por más de setecientos kilómetros, pero un grupo de lingüistas ha encontrado un hilo que las conecta: la manera en que sus habitantes saltan de un idioma a otro sin apenas pensarlo. Quien vive en Vigo, por ejemplo, pasa del castellano al gallego varias veces al día, de forma casi automática, según con quién hable, dónde esté o qué esté haciendo en ese momento. Y lo mismo ocurre con quienes han crecido escuchando catalán, euskera, valenciano, aranés o bable, incluso con hablas de comunidades diminutas como la gacería.
Un fenómeno común que todavía no entendemos del todo
Esa facilidad para cambiar de lengua se da por sentada, pero para los especialistas sigue siendo un rompecabezas apasionante. La clave está en el multilingüismo, que la Real Academia Española define como la coexistencia de varias lenguas en un país o territorio. En España es algo cotidiano: el castellano es la lengua oficial en todo el Estado, hay varios idiomas cooficiales en distintas regiones y sobre todo eso convive un mosaico enorme de hablas, dialectos y jergas. Lo curioso es que, pese a ser una realidad tan extendida, aún queda mucho por comprender sobre cómo funciona.
Hay millones de personas que cada día cambian de idioma con total naturalidad, dependiendo del lugar, del interlocutor o de si están trabajando o tomando algo con amigos. Ocurre incluso dentro de una misma familia. De esto se ocupa el proyecto BabelBrain, cuyo nombre completo es “El cerebro de Babel: cartografía de ecologías multilingües”, liderado por una experta de la Universidad de Santiago de Compostela. Sus responsables lo dicen sin rodeos: el multilingüismo es mayoritario en el mundo, pero todavía se sabe poco sobre cómo se comporta en comunidades diversas y en constante cambio.
Por qué precisamente estos dos territorios
La idea es comparar dos comunidades muy alejadas para analizar cómo las personas construyen sus relaciones sociales entre varias lenguas y qué revela todo esto sobre la capacidad humana del lenguaje. En Galicia conviven sobre todo el gallego y el castellano, aunque también se oyen otras lenguas llegadas con la migración. En Gibraltar el contacto se da entre inglés y español, y de ahí ha nacido el llanito, una mezcla parecida al espanglish pero propia de la zona, con un español muy marcado por el andaluz y con préstamos de otros idiomas.
¿Y por qué estas dos y no otras con más lenguas en juego? La respuesta tiene que ver con algo que comparten: en ambas hay un idioma en declive. El gallego en Galicia y el español en Gibraltar. Un informe del Instituto Galego de Estatística de hace dos años ya señalaba que los residentes que usan solo el castellano superaban a quienes se expresan siempre en gallego, con un 30 por ciento frente a un 24 por ciento. En Gibraltar hay expertos que también hablan de su preocupación por el deterioro del castellano.
El estudio avanza en dos fases. La primera, ya en marcha, recoge conversaciones espontáneas y cuestionarios para documentar los usos reales de las lenguas en el día a día, cuidando además las zonas rurales que suelen quedarse fuera de este tipo de trabajos. La segunda consistirá en estudios experimentales centrados en cómo procesamos los idiomas, con técnicas de pupilometría y seguimiento ocular que ayudan a entender qué hace un hablante cuando lee, escucha o interpreta. En el fondo se persigue una meta concreta: comprender mejor nuestros mecanismos de adaptación en el uso de idiomas.
Fuente
Imagen: xataka.com
