Apple tiene un plan para esquivar la crisis de la memoria, y ese plan incomoda a buena parte de Washington
La crisis de la memoria ha sacudido el mercado de la electrónica de consumo de una forma que pocas veces se había visto, y ahora hasta Apple está buscando salidas poco convencionales para aliviar la presión. Este tramo del año se ha convertido en un mal momento para actualizar el ordenador, comprar una consola o simplemente ampliar la RAM de un sobremesa gaming con un módulo nuevo. Los efectos también alcanzan a las unidades de almacenamiento y a otros componentes que hasta hace poco parecían bastante previsibles. Mirando atrás, aquel lío con las tarjetas gráficas durante la fiebre de la minería de criptomonedas empieza a parecer casi pequeño al lado de lo que estamos viendo ahora.
Durante meses, algunos grandes fabricantes han intentado ganar tiempo con una herramienta que el usuario no ve, el inventario. Lenovo es un buen ejemplo. Según declaraciones de su director financiero, Winston Cheng, la compañía llegó a tener existencias de memoria y otros componentes críticos alrededor de un 50% por encima de lo habitual para amortiguar el golpe de la escasez y de las subidas de precios. Ese colchón ayuda a resistir mejor que otros, pero también tiene un límite cuando el mercado sigue apretando.
La memoria se ha vuelto un problema de Apple, de precios y de geopolítica
Y ahí entra Apple. No hablamos de una empresa pequeña atrapada por una subida puntual de costes, sino de una de las que más poder de negociación tienen en toda la industria. Su cadena de suministro lleva años funcionando con una precisión extraordinaria, apoyada en acuerdos enormes y en una capacidad de compra que muy pocos pueden igualar. Precisamente por eso resulta tan llamativo que la compañía esté buscando vías nuevas para aliviar la presión.
La que ha salido a la luz es especialmente delicada. Apple estaría presionando a la Administración Trump para conseguir autorización, o al menos una señal favorable, que le permita comprar chips de memoria a CXMT, un fabricante chino señalado por el Pentágono por sus supuestos vínculos con el Ejército Popular de Liberación. La compañía se habría acercado al Departamento de Comercio hace más de un mes y también habría buscado apoyos en otros puntos de Washington. El objetivo sería aliviar la presión financiera provocada por el encarecimiento de la memoria. Este tipo de movimientos casi nunca se hacen públicos, así que no estamos ante una confirmación oficial de nadie.
Conviene ubicar bien a CXMT. No es una marca de RAM de consumo que el usuario elige en una tienda, sino ChangXin Memory Technologies, un fabricante chino de DRAM fundado en 2016. Se presenta como proveedor de chips para móviles, PC, tabletas, servidores y otros equipos. La industria de la memoria está muy concentrada en Micron, Samsung y SK Hynix, los proveedores de DRAM en los que se apoya Apple. Cuando el mercado está equilibrado, esa dependencia se gestiona con contratos y planificación. Cuando los precios suben con fuerza, cada proveedor adicional cuenta.
Una jugada con precio estratégico
Detrás de todo esto no hay solo una subida aislada, sino un cambio de prioridades. La fiebre por la IA ha colocado la memoria avanzada en el centro del negocio de los centros de datos, sobre todo la HBM, necesaria para alimentar aceleradores y servidores de alto rendimiento. Esa demanda ha contribuido a una escasez prolongada de memoria tradicional para electrónica de consumo. Por eso el problema se siente en productos muy distintos, no porque todos usen la misma memoria, sino porque compiten por una capacidad industrial limitada.
En Apple esa presión ya ha llegado al escaparate. La compañía subió alrededor de un 20% los precios de MacBooks e iPads y lo achacó a unos precios de memoria insostenibles. La decisión tuvo un impacto bursátil inmediato, unos 230.000 millones de euros menos de capitalización, la segunda mayor caída diaria de Apple.
La etiqueta de lista negra ayuda a entender la gravedad, pero puede llevar a una conclusión demasiado rápida. CXMT está en la lista 1260H del Pentágono por sus presuntos vínculos con el Ejército Popular de Liberación, aunque esa designación no impide automáticamente que Apple compre chips a CXMT o a YMTC. El problema es lo que ocurriría si EEUU endurece la posición después. El Departamento de Comercio ya había incluido a CXMT en un paquete de compañías chinas candidatas a entrar en la Entity List, una lista comercial mucho más restrictiva, pero la Casa Blanca pidió esperar por las negociaciones con Pekín. Ese antecedente explica por qué la compañía querría una señal política antes de moverse.
John Moolenaar, presidente republicano del comité de la Cámara sobre China, dijo que asociarse con una empresa militar china sería un grave error, y que ayudar al Partido Comunista Chino a dominar cadenas de suministro críticas haría a la economía estadounidense más dependiente de China. No sería la primera vez que Apple se ve en una posición parecida. En 2022 ya recibió críticas cuando estudió comprar chips de memoria a YMTC para iPhones destinados al mercado chino, y entonces Marco Rubio dijo que la empresa estaba jugando con fuego. Aquel episodio funciona ahora como precedente, con un contexto bastante más tenso.
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Imagen: xataka.com
