Jugar online con la seguridad del PC bien ajustada no es un capricho para paranoicos, es casi una obligación si valoramos el tiempo y el dinero que hemos metido en nuestras partidas. Cuando nos conectamos a un servidor exponemos el ordenador y la cuenta a riesgos que van mucho más allá de perder una ronda: robo de credenciales, ingeniería social en el chat y protocolos de Windows que llevan años encendidos sin que nadie los use de verdad. Y ojo, Windows sigue siendo el sistema operativo más atacado del planeta, así que revisar la protección del equipo antes de entrar a jugar se ha vuelto tan rutinario como actualizar los drivers de la gráfica.
El videojuego online dejó de ser solo entretenimiento hace tiempo. Ahí se mueven inventarios digitales, historiales competitivos y datos personales que van y vienen entre desconocidos. Proteger todo eso pide algo más que tener un antivirus encendido. Vamos a repasar cómo endurecer el sistema, gestionar las cuentas y esquivar los engaños más habituales sin que la partida pierda fluidez.
Por qué los gamers son un objetivo tan apetecible
Los ciberdelincuentes no eligen a sus víctimas tirando un dado, siguen la aritmética del beneficio. Una cuenta de Steam, Epic Games o Blizzard acumula bibliotecas enteras, objetos cosméticos y divisas virtuales, y perderla significa además tirar por la borda horas de progreso que no se recuperan con un simple cambio de contraseña.
A esto se le añade el componente social del juego. Aceptar una invitación o reclamar la recompensa de un evento baja la guardia frente a mensajes que en otro contexto nos parecerían sospechosos. Y luego está el factor Windows: es el sistema con más mecanismos de defensa nativos del mercado y, a la vez, el que más gente tiene esos mecanismos apagados. Siete de cada diez ordenadores del mundo lo usan, así que cualquier exploit se convierte en una llave capaz de abrir el 70 % del mercado global de golpe.
Antes de tocar nada conviene comprobar qué versión de Windows tenemos instalada y contar con permisos de administrador, porque varios cambios los piden. Los pasos sirven tanto en Windows 10 como en Windows 11, aunque las rutas de los menús cambian un poco entre versiones. No hace falta instalar programas de terceros, todo forma parte del propio sistema. Eso sí, un aviso previo: desactivar NetBIOS o SMBv1 puede hacer que ciertos aparatos viejos de la red local, como una NAS o una impresora veterana, dejen de aparecer.
Contraseñas, doble verificación y protocolos que sobran
La gestión de credenciales es la línea que separa una cuenta vulnerable de una protegida. Usar contraseñas únicas para cada plataforma evita que una brecha en un foro secundario acabe abriendo la puerta a Xbox o Steam mediante credential stuffing, esa técnica que prueba combinaciones filtradas en otros servicios a ver si suena la flauta.
Al lado de la contraseña, la autenticación en dos pasos suma una capa extra que no debería quedar desactivada en ningún launcher. Pide un código que solo nosotros podemos generar o recibir, y conviene guardar los códigos de recuperación fuera de línea, porque son la única vía si perdemos el acceso al móvil.
Windows viene calibrado para la compatibilidad, no para la protección, y arrastra varios protocolos de red heredados que quedan encendidos de fábrica sin que un usuario doméstico los necesite para nada. La medida con más impacto sigue siendo mantener el sistema al día: desde octubre de 2025 Windows 10 dejó de recibir parches de seguridad estándar, aunque hay una vía gratuita para estirar la protección hasta 2027.
Entre esos protocolos veteranos aparecen NetBIOS, SMBv1 y LLMNR, pensados para redes de hace más de una década. SMBv1 en concreto acumula fallos conocidos desde hace años y ya casi nadie lo usa en casa, así que apagarlo cierra una puerta de entrada sin coste alguno para el juego. Para desactivarlo abrimos el Panel de control, entramos en Programas y elegimos Activar o desactivar las características de Windows, buscamos la entrada Compatibilidad con el uso compartido de archivos SMB 1.0/CIFS y quitamos la marca de la casilla. Reiniciamos cuando lo pida el sistema y comprobamos, al volver a esa pantalla, que la casilla sigue vacía.
NetBIOS permite que los equipos de una red se identifiquen por nombre en vez de por IP, algo que en una red casera aporta poco y deja el equipo expuesto ante cualquier dispositivo conectado. Desde el Centro de redes y recursos compartidos abrimos las Propiedades de la conexión activa, entramos en Protocolo de Internet versión 4 (TCP/IPv4), pulsamos Propiedades otra vez, vamos a la pestaña Avanzado y, en WINS, marcamos Deshabilitar NetBIOS a través de TCP/IP. A partir de ahí el equipo deja de anunciarse por ese protocolo, algo que confirmamos comprobando que ya no aparece en el listado de red de otros ordenadores.
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Imagen: softzone.es
