Un niño enterrado junto a una espada de hace 2.400 años vuelve locos a los arqueólogos en Francia
El hallazgo arqueológico que ha dejado perplejo a medio equipo del Institut National de Recherches Archéologiques Préventives, el INRAP, tiene algo que ver con esa vieja pregunta sobre qué se llevaría uno al más allá. Durante unos trabajos previos a la construcción de una circunvalación en Loiret, en el asentamiento galo de Bois Médor, que se remonta a los siglos V y IV a.C., los investigadores dieron con seis cuerpos humanos escondidos en antiguos silos de grano reutilizados como fosas. Y entre ellos, uno especialmente llamativo. Un niño de entre 10 y 14 años, enterrado junto a una espada antiquísima.
A su lado había un broche de hierro, posibles restos de un escudo y esa espada de hierro, todavía envainada. Ningún otro cuerpo del yacimiento llevaba armamento consigo. Y ahí está lo curioso, porque encontrar tumbas infantiles con equipamiento militar es una auténtica rareza, incluso en los cementerios ya conocidos de la Edad del Hierro. Un estudio reciente sobre tumbas parecidas en necrópolis del norte de Italia lo confirma. La combinación de infancia y ajuar bélico existe, sí, pero es un fenómeno claramente minoritario.
Por qué a un chaval le entregaron un arma como esta
Las interpretaciones que se manejan van más o menos por dos caminos. O el pequeño pertenecía a una familia de guerreros de alto rango y heredaba ese estatus, o bien, pese a su corta edad, ya se le consideraba un guerrero en toda regla. La costumbre de depositar cuerpos en silos abandonados, por cierto, estaba plenamente extendida en la Galia de la Edad del Hierro. No es nada excepcional de este yacimiento concreto. Otro lugar parecido llegó a registrar 23 individuos repartidos en 14 silos y un pozo, algunos con ajuar y otros sin nada.
En esos mismos silos también han aparecido restos de animales colocados con cuidado junto a los cuerpos humanos, lo que apunta a una intención ritual y no a un simple vertido de basura. Es decir, el equipamiento militar del niño no se tiró ahí de cualquier manera. Eran objetos de prestigio, puestos a propósito.
Los detalles que siguen sin cuadrar
El niño apareció en posición encogida contra la pared del silo. La espada no estaba desenvainada ni entre sus manos, sino colocada entre sus piernas y dentro de su funda. Según el INRAP, el arma tiene una forma y un tamaño estándar, aunque se trata de uno de los ejemplares más antiguos documentados en todo el departamento de Loiret. La vaina también tiene su historia. No lleva ninguna decoración, algo bastante raro para la época, y eso hace dudar a los investigadores. ¿Era ya un arma que pertenecía al niño o un símbolo que alguien le entregó a medias, porque todavía no había alcanzado la edad adulta?
El informe del INRAP lo dice sin rodeos. Este descubrimiento genera más preguntas que respuestas, sobre la identidad del pequeño, su estatus o el motivo de que colocaran esos objetos a su lado. Las hipótesis quedan abiertas a futuras investigaciones, y como no existen textos escritos de la Edad del Hierro que permitan contrastar las costumbres de entonces, por muy razonables que suenen, seguirán siendo eso, hipótesis y no certezas.
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Fuente
Imagen: xataka.com
