Microsoft Defender se ha ganado un sitio en Windows 11 casi sin hacer ruido, y hoy son muchos los usuarios que dejan de lado esas soluciones de seguridad de terceros que llevaban años instaladas para confiar en lo que ofrece la propia Microsoft. La cosa tiene su lógica, porque hablamos del antivirus que viene ya preinstalado y funcionando en cualquier instalación limpia del sistema operativo, sin pagar absolutamente nada.
Y aquí está una de las claves del asunto. No hace falta tocar nada para tener el equipo protegido desde el primer minuto. Con solo poner en marcha Windows, este antivirus arranca por su cuenta y empieza a trabajar. Eso sí, conviene saber un detalle que a veces se pasa por alto: cuando alguien instala un software de seguridad externo, Microsoft Defender se desactiva de forma automática para no pisarse con el otro programa.
Por qué cada vez más gente se queda con la opción de Microsoft
Durante mucho tiempo las soluciones de seguridad de terceros fueron la primera elección para casi todo el mundo. Ahora esa tendencia va perdiendo fuerza, y no es casualidad. Con el paso de los meses, el software de Microsoft ha mejorado bastante tanto en rendimiento como en funciones. La compañía va sumando herramientas integradas y su capacidad para frenar amenazas crece de forma notable.
De ahí que muchos usuarios olviden esos programas que llevaban años usando para proteger sus ordenadores y prefieran dejar en marcha esta alternativa que, encima, es gratuita en Windows 11. Hay que reconocer que la configuración que viene por defecto cubre de sobra lo que necesita la mayoría de la gente. Cumple, y cumple bien.
Sacar más partido a las funciones incluidas
Ahora bien, quedarse solo con lo que hay activado de serie no siempre es lo ideal. Nunca está de más echar mano de otras herramientas que ya están dentro de Microsoft Defender y que permiten mejorar de forma sustancial su eficacia frente a todo tipo de malware. Están ahí, disponibles, esperando a que alguien les dé al interruptor.
Fuente
Imagen: softzone.es
