Beber agua del grifo en buena parte de Asia se considera casi una temeridad, y quien viaja por trabajo o por placer escucha siempre la misma advertencia. Mejor agua embotellada, incluso para lavarse los dientes. La recomendación vale para gran parte del este y el sur del continente, con destinos como Tailandia, Vietnam, China o la India. Y sin embargo hay una excepción que sorprende. En Singapur ni siquiera había botellas en la habitación del hotel, solo un mensaje que invitaba a abrir el grifo porque el agua era de calidad excepcional.
Una anomalía que se convirtió en ejemplo mundial
Que un país tenga buena agua no es ningún milagro, pero Singapur es una rareza en sí misma. Llueve bastante, sí, aunque apenas tiene tierra, así que no cuenta con grandes acuíferos ni ríos caudalosos. Durante décadas dependió del agua importada de Malasia, algo que todavía hace en parte. La diferencia la marcaron la ingeniería y la política pública. En 2001 la agencia estatal Public Utilities Board asumió el control completo del ciclo del agua, desde la lluvia que cae hasta la que se va por el desagüe, con una visión de conjunto.
La filosofía es sencilla, divide y vencerás. El país se apoya en cuatro fuentes distintas, los llamados Cuatro Grifos Nacionales: aguas de cuencas locales, agua importada de Malasia, agua reutilizada y agua desalinizada. Como las relaciones con Malasia han tenido altibajos, los otros tres grifos han ido cobrando peso. La cuenca local recoge la lluvia mediante una red de canales y 7.000 kilómetros de tuberías que conducen el agua a 17 embalses antes de tratarla. Ya está prevista la construcción de un decimoctavo embalse, Long Island, en terreno ganado al mar.
NEWater, el grifo más estratégico
El acuerdo con Malasia es el grifo más frágil. El primero data de 1927 y ya no está vigente, mientras que el gobierno busca ser autosuficiente para 2061. Aquí entra en juego NEWater, capaz de cubrir el 40 por ciento de la demanda total a partir de aguas residuales, con una calidad que supera los estándares de la OMS. El sistema de alcantarillado costó unos 9.000 millones de euros y está diseñado para durar 100 años. La red recoge el agua urbana y la lleva por gravedad hasta plantas de recuperación que usan biorreactores de membrana, ósmosis inversa y desinfección ultravioleta.
La desalinización completa el cuadro con cinco plantas que emplean ósmosis inversa, aunque tiene un coste energético elevado. Desalinizar consume 3,5 kWh por cada mil litros frente a los 0,7 kWh de NEWater, y conviene recordar que cerca del 95 por ciento de la electricidad del país procede de gas natural importado. Beber agua que viene de la alcantarilla genera además cierto rechazo social, por eso buena parte se destina a la industria, donde esa pureza resulta ideal para fabricar semiconductores.
