La ola de calor que está azotando Europa esta semana parece sacada de una distopía y, de hecho, lo es. En 2014 la cadena francesa TF1 imaginó cómo sería un mes de agosto del año 2050, lo pintó como un auténtico infierno y resulta que los termómetros de estos días ya han dejado atrás aquella ficción. Mirar el mapa del continente ahora mismo da escalofríos.
En Reino Unido la Met Office activó su segundo aviso rojo por calor extremo de toda su historia, con previsiones de hasta 40 °C entre miércoles y jueves. En Francia los termómetros marcaron 43 °C el lunes, París entró en alerta roja y Météo-France compara la dureza del episodio con la de agosto de 2003, aquella ola que dejó decenas de miles de muertos en toda Europa. En España casi damos por hecho el calor brutal, pero más al norte la situación convierte al continente entero en una ratonera.
Por qué Europa se ha convertido en un punto caliente
Lo más inquietante es la fuerza y la persistencia de este fenómeno en zonas donde no esperaríamos verlo. Ante semejante panorama, los científicos hicieron lo que mejor saben hacer, rebuscar en las revistas. Un trabajo publicado en Nature Communications en junio de 2022 lo explicaba con bastante detalle, las olas de calor europeas han crecido entre tres y cuatro veces más rápido que en el resto de latitudes medias del hemisferio norte. Europa, dicho de otro modo, es uno de los grandes puntos calientes de la zona templada del planeta.
La clave está en la corriente en chorro. Se trata de grandes caudales de aire que reparten calor y frío por todo el mundo. Hay varias, pero la que más nos afecta es la polar, que circula a latitudes muy septentrionales. Estas corrientes nacen en la frontera entre dos masas de aire con propiedades distintas y por eso resultan cruciales para equilibrar el clima. Cuando las diferencias de temperatura entre esas masas se reducen, la corriente pierde fuerza, se vuelve errática y se ondula de forma exagerada. El resultado es una estructura como la actual, que encapsula el aire de Europa occidental y no lo deja refrescar.
Sabemos el qué, no el porqué
Conocemos el mecanismo responsable de, por ahora, hasta el 35 % de la variabilidad de la temperatura en Europa occidental. El problema es que nadie tiene claro por qué la corriente está cambiando. La hipótesis más extendida, la del Ártico más cálido que ondula el chorro, lleva años siendo discutida, hay estudios que ven esa tendencia invertirse y modelos que no reproducen el efecto. Las otras opciones van desde el papel de los aerosoles hasta un impacto colateral de las dinámicas del Pacífico tropical, pero ninguna resulta concluyente.
Todos intuyen que detrás está el cambio climático, aunque nadie sabe explicar exactamente de qué manera, sobre todo porque los modelos climáticos se quedan cortos. Lo que sí garantiza la ondulación del chorro es una mayor variabilidad climática, olas de calor enormes, lluvias torrenciales y frío fuera de lugar. Europa tiene que prepararse.
Fuente
Imagen: xataka.com
