La Esfera de Las Vegas ha dejado de ser una rareza para convertirse en la prueba más contundente de que el entretenimiento en directo está cambiando de piel. Los números del primer trimestre del año fiscal 2026 no dejan mucho margen a la duda, porque hablan de cuentas saneadas y, sobre todo, de una tendencia que ya no tiene marcha atrás. Sphere vende cine y conciertos de una manera que ni el streaming ni las salas tradicionales pueden imitar, y eso empieza a notarse en la caja.
Cuentas al alza y una película que lo cambió todo
Sphere Entertainment cerró el trimestre con 386,4 millones de dólares (unos 355 millones de euros) en ingresos, un 38 por ciento más respecto a los doce meses anteriores. Es la segunda vez que el negocio de James Dolan, también dueño del Madison Square Garden, termina un trimestre en positivo, con un beneficio operativo de 7,2 millones de dólares (cerca de 6,6 millones de euros) frente a las pérdidas de 78,6 millones de hace un año. El segmento gestionado directamente por Sphere casi dobló su facturación, hasta los 266 millones de dólares, un 69 por ciento más, empujado por la polémica proyección de El Mago de Oz.
No todo brilla, eso sí. Las acciones subieron un 400 por ciento en el último año, pero llegaron a caer más de un 5 por ciento el mismo día del anuncio, porque los inversores comparaban con un cuarto trimestre de 2025 todavía mejor. El negocio no es estable, depende del calendario de espectáculos, y por eso ya hay residencias anunciadas con mucha antelación: Metallica con 24 conciertos desde octubre de 2026 y Backstreet Boys con 56 noches este verano.
Lo del clásico de 1939 merece capítulo aparte. Google y Sphere reconstruyeron la película con inteligencia artificial, usando modelos Gemini, Veo e Imagen para ampliar el encuadre y meter en la gigantesca pantalla personajes que antes quedaban fuera de plano. El proyecto costó 100 millones de dólares, tanto como un largometraje de presupuesto medio alto, y recortó la duración a poco más de una hora. Llovieron las críticas por destrozar la planificación original, pero ese recorte permitió programar más pases al día. Las entradas partían de 104 dólares y superaban fácilmente los 200 según la ubicación. El saldo: más de dos millones de tickets vendidos y 260 millones de dólares desde su estreno, en agosto de 2025.
El cine tradicional flojea, los formatos premium vuelan
Mientras la Esfera celebra, el cine convencional sigue sin remontar. En España la asistencia cayó un 8 por ciento en 2025, hasta los 65 millones de espectadores, segundo año seguido de descenso. En Estados Unidos apenas la mitad de los adultos pisó una sala, con 769 millones de entradas frente al récord de 1.600 millones de 2002. Y aun así, los formatos premium están mejor que nunca. IMAX cerró 2025 con ingresos récord de 410 millones de dólares, un 16 por ciento más, y una taquilla global de 1.280 millones, un 40 por ciento arriba, con títulos como Sinners o F1 aportando más del 20 por ciento de su recaudación de estreno en Estados Unidos.
Los conciertos tampoco se quedan cortos. Live Nation cerró 2025 con 25.200 millones de dólares en ingresos, un 9 por ciento más, y Sphere ya figura entre los recintos con más entradas vendidas del planeta, solo por detrás de la surcoreana K-Arena Yokohama y del Movistar Arena de Madrid en el tercer trimestre de 2025. El mensaje es directo: la gente sale de casa buscando experiencias irrepetibles, no ofertas genéricas.
La fachada exterior, la Exosphere, es otra fuente de ingresos. La pantalla LED más grande del mundo funciona como soporte publicitario y factura entre 450.000 dólares por un día y 650.000 por una semana de campaña. Evian firmó en abril un patrocinio plurianual como proveedor oficial de agua del recinto, y los analistas calculan que la publicidad podría superar el 10 por ciento de los ingresos totales en los próximos ejercicios.
Y mientras Las Vegas pierde fuelle, con un 7,5 por ciento menos de visitantes en 2025, la mayor caída anual fuera de la pandemia desde que hay registros en 1970, Sphere Entertainment ya piensa en su segunda sede. Se está negociando en National Harbor, en el estado de Maryland y muy cerca de Washington D.C., aunque habrá que armarse de paciencia porque su apertura no está prevista hasta 2030.
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Imagen: xataka.com
