La Alberca, el pueblo más bonito de España para comer jamón ibérico

En La Alberca, primer pueblo Monumento Nacional de España, el jamón ibérico se convierte en experiencia entre calles medievales y siglos de historia.

by Redazione
La Alberca, el pueblo más bonito de España para comer jamón ibérico - La Alberca jamón ibérico

La Alberca es uno de esos lugares que parecen sacados de otra época, y hoy vuelve a estar en boca de todos por una razón muy concreta: es, según National Geographic, el pueblo más bonito de España para comer jamón ibérico. Pero antes de que llegara ese título hubo otro mucho más antiguo. El 6 de septiembre de 1940, en plena posguerra, el Estado publicó un decreto insólito para su tiempo. Decidió proteger un pueblo de mil almas en la sierra de Salamanca por deseo de “eximios artistas, tanto nacionales como extranjeros”, que veían en él un fiel guardador de la belleza de su caserío. Aquel día La Alberca se convirtió en el primer municipio de España declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional, un precedente que hoy compromete a más de 500 núcleos urbanos en toda la península.

Ochenta y cinco años después, la etiqueta de National Geographic viene cargada de pólvora. ¿Qué pasa con los cinco jotas de Jabugo o Aracena? ¿Y con las denominaciones extremeñas de Monesterio? De Guijuelo a Los Pedroches, España va sobrada de maestros jamoneros. Pero La Alberca es especial. Más que competir por producción, lo hace por experiencia.

El pueblo del estanque y su arquitectura de otro tiempo

El nombre viene del árabe Al-Bereka, que significa “el estanque”. El pueblo vive a unos 1.000 metros de altitud, en el Parque Natural de Las Batuecas-Sierra de Francia, a 75 kilómetros al suroeste de la capital salmantina. Tiene 1.034 habitantes según el INE de 2025, menos que cualquier instituto de secundaria medio. Curioso: ya hay más plazas de alojamiento que vecinos censados.

No fue el jamón, sino la arquitectura, lo que justificó el decreto. Sobre una planta baja de roca granítica se levantan muros de adobe y madera que recuerdan al arte mudéjar. Calles medievales intactas, balcones cargados de flores y una Plaza Mayor sin heridas de guerra. El mejor ejemplo es la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVIII, obra de Manuel de Lara Churriguera, sobrino de los responsables de la Catedral Nueva y la Plaza Mayor de Salamanca. El árbol familiar no pierde fuerza en las ramas.

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Aquí también manda la tradición. Cada 13 de junio, festividad de San Antonio de Padua, el pueblo bendice un cerdo y lo suelta por las calles con una campanilla al cuello. Los vecinos lo alimentan durante siete meses y el 17 de enero, día de San Antón, se rifa ante las puertas de la iglesia. El origen se atribuye a los conversos del siglo XVI, que usaban el cerdo como demostración pública de fe cristiana para esquivar la sospecha inquisitorial. Curiosa coartada.

El jamón que lo cambia todo

En La Alberca no se curan jamones a escala industrial, pero su escaparate es lo más representativo del ibérico salmantino. El protagonista cuenta con la Denominación de Origen Guijuelo, la más antigua y la de mayor volumen de las cuatro DOP ibéricas de España. Guijuelo, a 1.050 metros de altitud y con temperaturas medias de 12º C hasta bien entrada la primavera, tiene un microclima de excepción. El frío natural permite salar el jamón sin refrigeración artificial hasta marzo. Hace lo que en otras naves tiene que resolver una máquina.

La DOP tiene carácter supraautonómico. Abarca dehesas de Andalucía, Extremadura, Castilla y León y Castilla-La Mancha para la cría del cerdo ibérico, pero la elaboración se limita a 78 municipios salmantinos. La Alberca está entre ellos. Hablamos de más de 200 industrias y requisitos exactos: raza ibérica pura o cruce del 75% con Duroc-Jersey, piezas de al menos 4,5 kg en el jamón y 3,5 kg en la paleta, con forma alargada y la pezuña negra original. Se estima que los jamones de La Alberca se exportan a catorce países de la Unión Europea, con Francia como principal destino, además de Reino Unido, Corea, Japón y México.

El pueblo pertenece a la red de los Pueblos más Bonitos de España. Desde aquí se accede al Valle de Las Batuecas, con su monasterio carmelita, las pinturas rupestres del Canchal de las Cabras Pintadas y un silencio casi total. La ruta hasta el Pico Hastiala supera los 1.700 metros, y en días claros se divisan los Picos de Europa. En noviembre vuelve la Calbochada, castañas asadas en la plaza y mucho folclore serrano.

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Fuente
Imagen: xataka.com

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