Jeddah Tower: el motivo de su parón no era el hormigón sino esto

Tras años de parón, la torre más alta del mundo vuelve a crecer en Arabia Saudí impulsada por rivalidad geopolítica y económica, no por ingeniería.

by Redazione
Jeddah Tower: el motivo de su parón no era el hormigón sino esto

La Jeddah Tower ha vuelto a crecer después de años de silencio, y su regreso dice mucho más sobre política y dinero que sobre ingeniería. Porque el mayor problema de la que aspira a ser la torre más alta del mundo nunca estuvo realmente en el hormigón. Estaba en otra parte.

Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han compartido durante años una agenda común y una relación estrecha entre sus dirigentes. Con el tiempo, esa sintonía empezó a convivir con una rivalidad cada vez más evidente. Ambos compiten por atraer inversión, ganar peso en la región y construir economías que dependan menos del petróleo. Y si alguien quiere ver esa carrera sin mirar cifras macroeconómicas, basta con levantar la vista hacia sus ciudades. El Burj Khalifa convirtió a Dubái en referencia mundial. En la costa saudí, mientras tanto, empezó a levantarse algo pensado para superar esa marca.

El nuevo contrato para terminar la obra se firmó el 2 de octubre de 2024, pero el avance real se vio sobre el terreno cuando la estructura superó oficialmente las 100 plantas y los 400 metros el 20 de abril de 2026. La actualización más reciente, del 18 de junio, la situaba ya cerca de la planta 104.

Por qué se detuvo una obra tan ambiciosa

La escala del proyecto explica por qué parecía capaz de atascarse por motivos técnicos. La Jeddah Tower fue diseñada para pasar del kilómetro de altura y llegar a 157 plantas, dejando atrás los 828 metros del Burj Khalifa. Para sostenerla, los ingenieros plantearon una losa de cimentación de cinco metros de espesor sobre 270 pilotes, algunos clavados hasta 105 metros. Encima, una red de muros de hormigón interconectados reparte las cargas y limita el efecto del viento sin recurrir a columnas y grandes vigas.

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El proyecto se anunció en 2011 y las obras arrancaron en 2013, con la idea de levantar en Yeda el edificio más alto del planeta. En esa primera etapa la estructura llegó a 63 plantas antes de quedar parada. Y aquí llega lo interesante, porque el frenazo no tuvo que ver con el cemento.

La crisis que paralizó el rascacielos

El parón llegó en plena crisis empresarial y financiera que golpeó a dos actores clave. En 2017, la campaña anticorrupción saudí llevó a la detención de Alwaleed bin Talal, vinculado al promotor a través de Kingdom Holding, y de Bakr bin Laden, entonces presidente de Saudi Binladin Group. El contratista arrastraba además dificultades económicas y la construcción terminó detenida en 2018.

Volver a arrancar necesitó bastante más que anuncios y calendarios sobre el papel. La finalización quedó de nuevo en manos de Saudi Binladin Group, el mismo contratista de la primera etapa, con un plazo previsto de 42 meses. Si se cumple sin nuevos retrasos, las obras deberían acabar hacia abril de 2028, aunque todavía no hay fecha firme de apertura. Lo decisivo llegó después, cuando el ritmo se mantuvo durante todo 2025 y lo que va de 2026.

Volver a crecer no significa estar cerca de terminar. El revestimiento de la fachada y las primeras instalaciones mecánicas, eléctricas y de fontanería ya están en marcha, pero falta completar buena parte de esos trabajos, además de los ascensores, los sistemas de seguridad, los acabados y todas las pruebas antes de abrir. Hasta entonces, el Burj Khalifa seguirá conservando oficialmente el récord mundial. Arabia Saudí ya ha demostrado que puede devolver la torre a la actividad. El siguiente reto será mantener la financiación y terminar lo que empezó.

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Fuente
Imagen: xataka.com

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