Entre Linares y La Carolina sigue en pie una cabria oxidada, el esqueleto de hierro de lo que a finales del siglo XIX fue el mayor productor de plomo del mundo. Es el pasado, está claro, pero desde hace un tiempo hay quien sueña con que las tierras raras conviertan ese pasado también en futuro. La provincia entera está siendo agujereada con entusiasmo, y la pregunta ya no es si hay minerales bajo tierra. Eso lo sabe todo el mundo. La duda es si todo este baile de prospecciones es real o solo el reflejo del anhelo de una tierra que asocia su edad de oro con la minería.
Qué está pasando en el norte de la provincia
A unos 80 kilómetros de esa vieja cabria, en Aldeaquemada, una empresa australiana acaba de extraer un testigo de sondeo y de anunciar que se trata de una zona de alta calidad. El protagonista es Osmond Resources, que en el sondeo SOR-08 ha cortado más mineral del previsto. Hablamos de un proyecto que cubre 756 unidades mineras entre Aldeaquemada y Santiesteban del Puerto, a la caza de titanio, circonio, hafnio y tierras raras atrapados en unas cuarcitas que hace cientos de millones de años fueron arena de playa.
El anuncio, eso sí, tiene truco. Lo que han comunicado es una confirmación durante la perforación. Los análisis de laboratorio, que son los que valen de verdad, tardarán semanas. Da igual. Basta una búsqueda rápida para comprobar que Jaén lleva meses recibiendo sondeos por todas partes.
Tres motores y un riesgo de fondo
¿De dónde sale tanto entusiasmo? De tres motores bastante independientes entre sí. El primero es geopolítico. En 2024 la Unión Europea pisó el acelerador de la soberanía mineral y aprobó un reglamento de materias primas críticas. La idea es que la extracción, el procesamiento y el reciclado de materiales estratégicos hechos en Europa cubran respectivamente el 10, el 40 y el 25 por ciento de la demanda comunitaria. Un proyecto como Orión, orientado a las tierras raras, suena a gloria en Bruselas y también en Madrid.
Y lo de Madrid no es retórica. Hace un par de meses el Gobierno aprobó un plan de materias primas de 414 millones de euros que incluye la mayor campaña de prospección minera en España en más de medio siglo, con mención expresa a Sierra Morena. Sara Aagesen llegó a decir que con toda seguridad aparecerán tierras raras en el país.
Luego está el tercer motor, la bolsa. Empresas como Osmond Resources viven de los yacimientos, sí, pero sobre todo del ciclo de noticias. Su capitalización depende más de la batalla mediática que de los resultados finales, y en un terreno tan complejo como la minería el fracaso casi se da por descontado.
Detrás de todo este ruido hay un montón de pueblos pequeños y envejecidos a los que se vende un nuevo futuro. El alcalde de Aldeaquemada no ha tardado en celebrar los resultados como una forma de generar empleo y riqueza. Pero la mayoría de los proyectos de exploración no llegan nunca a producir. La transición energética ha servido de coartada para volver a mirar bajo tierra, aunque el sector ha cambiado tanto que para casi todos empieza a ser más útil la expectativa que la realidad. Y eso, en la España vaciada, es un problema existencial.
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Imagen: xataka.com
