Plantar árboles cada día durante décadas puede parecer una tarea imposible, pero eso es justo lo que hizo un hombre en la India hasta convertir un banco de arena desierto en un bosque enorme. Se llama Jadav “Molai” Payeng y en 2015 recibió el Padma Shri, uno de los reconocimientos civiles más importantes de su país. El motivo era sencillo y a la vez extraordinario, había dedicado buena parte de su vida a reforestar una zona erosionada hasta ganarse el apodo de “el Hombre Bosque de la India”.
De una riada llena de serpientes a un bosque inmenso
Todo empezó en 1979. Payeng tenía apenas 16 años cuando el río Brahmaputra se desbordó por culpa de un monzón. La riada arrastró troncos y cientos de serpientes hasta un banco de arena desierto cerca de Kokilamukh, en el distrito de Jorhat, en Assam. Cuando el agua bajó, allí no quedaba ni un árbol ni sombra alguna, y las serpientes acabaron muriendo por el calor excesivo. Aquella escena le marcó profundamente, tanto que decidió pedir consejo sobre qué se podía plantar para reforestar la zona y frenar la erosión.
La respuesta no fue muy alentadora. Le dijeron que allí solo crecía bambú y le entregaron unas 20 plantitas. Cultivarlas resultó complicadísimo, pero no se rindió. Poco a poco empezó a recolectar y plantar otras especies, como la ceiba. Casi al mismo tiempo, las autoridades pusieron en marcha un plan de reforestación de 200 hectáreas en uno de esos bancos de arena. Empezó en 1980 y duró poco, para 1983 ya lo habían abandonado. Payeng, en cambio, siguió por su cuenta.
Un bosque más grande que cuatro veces el Retiro madrileño
Con el paso de los años sus árboles agarraron. Hoy la plantación ocupa más de 550 hectáreas, de las cuales unas 300 son de bambú. También hay arjunas, flamboyanes y algodoneros rojos, entre otras especies. Para hacerse una idea, equivale a más de cuatro veces el Retiro madrileño y a una vez y media Central Park. Y no solo alberga flora, allí viven tigres de Bengala, rinocerontes indios, ciervos, conejos, monos y muchísimos tipos de aves.
Lo curioso es que la administración tardó en enterarse. Payeng arrancó su labor a finales de los años setenta con pico y pala, pero no fue hasta 2008 cuando las autoridades se percataron del nuevo bosque. Y los chivatos fueron los elefantes. Ese año una manada de unos cien ejemplares se adentró en la zona, lo que llevó a investigar el lugar y “descubrir” lo que Payeng había creado. Desde entonces los elefantes vuelven cada año y ya han tenido varias crías allí.
Este bosque artificial resulta ser sorprendentemente natural. Un estudio concluye que su diversidad de plantas y su capacidad de almacenar carbono son parecidas a las de un bosque natural de edad similar, y plantea que este tipo de plantación mixta puede ser una buena solución frente a inundaciones y erosión. La amenaza en la región sigue activa, así que a Payeng y sobre todo a la administración india aún les queda trabajo. Él, mientras tanto, lo tiene claro, plantará árboles hasta el último día de su vida.
Fuente
Imagen: xataka.com
