El Mova Rover X10 es de esos aparatos que, una vez probados, cuesta imaginar volver atrás. Los robots de limpieza llevan años metidos en casa, empezaron chocándose con todo y hoy llevan más tecnología que muchos coches. Ahora ese mismo salto lo están dando los robots de exterior, y este modelo en concreto es prácticamente un submarino. Lo que a 2.499 euros parecía una locura, a los 999 euros actuales pasa a ser algo muy recomendable para quien quiera olvidarse de limpiar la piscina.
Qué se siente al usar el Mova Rover X10 en la práctica
La puesta a punto es un lujo. Se saca de la caja, se escanea el QR de la tapa del filtro, se conecta al Wi-Fi y ya está funcionando, sin montaje ni piezas sueltas más allá de un filtro de repuesto y un gancho para recuperarlo del agua. Eso sí, hay que pensar muy bien dónde va la base, porque no es un simple soporte sino el punto de carga inductiva. El cable es corto, más parecido al de un portátil que al de un dispositivo de jardín, así que sin un enchufe cerca toca alargador. Y conviene dejarlo a la sombra pero cerca, porque el bicho pesa 16 kilos y cargar con eso en trayectos largos no apetece.
La app tiene lo justo, quizá demasiado justo. Permite elegir modo, controlar el robot a mano, marcar el punto de recogida y ver estadísticas de la sesión. Es la misma aplicación que Mova usa para otros productos, hasta el punto de que se puede pasar de su arenero automático al robot deslizando un icono. Los modos son limpieza total, superficie y paredes, con opciones de programación y control manual. El modo manual funciona, pero que nadie espere un coche teledirigido, tarda en girar y los movimientos finos son complicados. Al final lo mejor es dejarlo en automático, que él solo hace bien el trabajo.
La boya, el skimmer y una autonomía con truco
El gran problema de estos aparatos es la comunicación con el móvil cuando están sumergidos, porque el Wi-Fi y el Bluetooth se pierden. El Rover X10 lo resuelve con una boya que mantiene una conexión constante sin tener que apuntar desde el borde con ningún mando óptico. Además muestra la temperatura del agua y lleva una cuerda para atarla a las escaleras. El punto flojo es que se queda sin batería rápido, así que una vez por semana hay que sacarla para cargarla. Un panel solar habría sido la solución perfecta.
Otra baza es la función de skimmer. En el frontal hay una boquilla que traga la suciedad superficial directamente al filtro. En piscinas sin skimmer resulta utilísimo, en las que ya lo tienen es redundante.
La autonomía es buena aunque depende mucho de cada piscina. En una de 12×6 metros da para unas cuatro pasadas completas. Mova promete seis horas para 500 metros cuadrados, aunque en la práctica se ha notado un gasto del 90 por ciento de batería en unos 200 minutos y casi 400 metros cuadrados. Sacarlo del agua para cargarlo cada cuatro o cinco pasadas sigue siendo lo más incómodo, y el siguiente paso de la industria debería ser la carga en superficie.
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Imagen: xataka.com
