La nueva fragata de Corea del Norte ha llamado la atención de medio mundo, y no precisamente por sus misiles o su electrónica de última generación. Basta con mirar los laterales del buque para descubrir algo que parece sacado de otra época: filas de ametralladoras pesadas pensadas para responder a una amenaza muy actual, la de los drones. Un contraste curioso, porque el barco quiere presumir de modernidad y al mismo tiempo recurre a soluciones que recuerdan a los grandes combates navales del pasado.
Conviene recordar un antecedente. En octubre de 2000, el destructor estadounidense USS Cole sufrió un atentado con una pequeña embarcación cargada de explosivos mientras repostaba en Yemen. Aquel golpe empujó a la Armada de Estados Unidos a reforzar sus buques con armamento pesado frente a amenazas cercanas. Hoy esa misma lógica vuelve, aunque el enemigo ya no es una lancha suicida sino un enjambre de aparatos no tripulados.
Un buque con grandes aspiraciones y un detalle inesperado
La nueva Kang Kon supone el mayor salto de Pionyang en cuanto a buques de superficie. El régimen la clasifica como destructor, aunque su desplazamiento de unas 5.000 toneladas la sitúa más bien en el terreno de una fragata según los estándares internacionales. Sobre el papel reúne casi todo lo que se espera de un diseño reciente: decenas de celdas de lanzamiento vertical, un cañón principal, sistemas de defensa de punto, guerra electrónica y misiles de crucero capaces de portar armas nucleares.
Y aquí llega la sorpresa. Las imágenes de las últimas pruebas mostraron a lo largo de uno de sus costados al menos una docena de ametralladoras pesadas KPV de 14,5 milímetros, repartidas entre montajes dobles controlados a distancia y otras posiciones integradas en la superestructura. El Kang Kon fue visto disparándolas durante una demostración la semana pasada. La escena resulta casi desconcertante.
La guerra de Ucrania como explicación
Detrás de esa configuración hay una razón muy concreta. La proliferación de drones aéreos y embarcaciones no tripuladas ha obligado a muchas marinas a reforzar la defensa de corto alcance con armamento adicional de pequeño calibre. Rusia lleva años sumando ametralladoras suplementarias, estaciones de armas remotas e incluso protecciones improvisadas, una experiencia que Corea del Norte ha podido observar de cerca gracias a su creciente cooperación militar con Moscú.
Las KPV, por cierto, no son ninguna novedad. Diseñadas por la Unión Soviética al final de la Segunda Guerra Mundial, siguen en servicio en numerosos países por su potencia frente a objetivos ligeros. Su munición de 14,5 milímetros puede destruir drones, lanchas rápidas o vehículos ligeramente blindados.
La gran incógnita sigue siendo la supervivencia. Un buque así sería uno de los primeros objetivos de cualquier adversario, y difícilmente Pionyang podrá construir suficientes unidades para dar profundidad a su flota. Convertir una plataforma cargada de misiles en un barco realmente resistente exige sensores, entrenamiento, coordinación y doctrina operativa mucho más complejos que añadir armas sobre la cubierta. La imagen de una fragata moderna presumiendo de ametralladoras dice mucho de cómo la guerra en Ucrania está redefiniendo las prioridades de diseño naval.
Fuente
Imagen: xataka.com
