Brontanax es el nombre del que podría convertirse en el compañero no tripulado de los cazas británicos, y Reino Unido ya tiene un prototipo físico esperando su próxima prueba. Durante décadas cada gran salto de la aviación militar del país ha girado en torno a un piloto. Pasó con el Harrier, con el Tornado y con el Typhoon, y todo apunta a que seguirá siendo así con el futuro Tempest. Pero algo está cambiando alrededor de estos aparatos. Una de las próximas piezas que Londres quiere sumar a sus formaciones no tiene por qué llevar a nadie dentro. La idea es que los cazas vuelen acompañados por aeronaves capaces de asumir parte del riesgo, ampliar el alcance y añadir potencia de combate sin meter otro piloto en la ecuación.
Quienes se acercaron a verlo en el Salón Aeronáutico de Farnborough no tuvieron delante el prototipo destinado a las pruebas, sino un modelo de exhibición que mostraba cómo será el nuevo aparato de BAE Systems. La unidad de ensayos se quedó en Warton, donde la empresa dice que ya está completamente ensamblada y lista para las pruebas en tierra. Todavía no ha despegado, cierto, pero tampoco hablamos de un proyecto que exista solo en una pantalla. Hay hierro real esperando su siguiente examen.
El acompañante autónomo que Reino Unido busca para sus cazas
Conviene apartar la imagen del dron pequeño. Brontanax tiene un tamaño parecido al del Hawk, el entrenador avanzado británico, y pertenece a la familia de los Collaborative Combat Aircraft, aviones sin tripulación pensados para volar y combatir dentro de una formación más amplia. No viene a reemplazar al Typhoon ni al Tempest, sino a sumar otra plataforma al equipo. BAE asegura que podrá operarlo a distancia un piloto de Typhoon o un comandante de misión, aunque no ha aclarado hasta dónde llegará su autonomía durante una operación real.
La compañía le atribuye dos grandes funciones, guerra electrónica y ataques de precisión contra objetivos en tierra y en el aire. Lo interesante es lo que permitiría sumar al conjunto de una misión. En vez de concentrar todo en unos pocos cazas tripulados, la Royal Air Force podría repartir tareas entre más aeronaves. Es lo que en el sector llaman combat mass, ampliar el número de plataformas disponibles y mandar algunas a las zonas más peligrosas sin exponer necesariamente a otro piloto.
Dinero sobre la mesa y una carrera con rivales por delante
El proyecto llega en un momento concreto. El Gobierno británico acaba de comprometer 300 millones de libras, unos 351 millones de euros al cambio del 24 de luglio de 2026, al programa Storm Fighter, con el que quiere desarrollar una capacidad autónoma propia e integrarla en el resto de su aviación de combate. El calendario es ambicioso. Londres quiere que el demostrador vuele en 2027 y que Storm Fighter alcance capacidad operativa antes de que termine la década. De momento, eso sí, son objetivos oficiales de desarrollo, no una entrada en servicio garantizada.
No es la primera vez que la Royal Air Force intenta meter un compañero no tripulado en sus formaciones. Project Mosquito perseguía algo parecido, pero el Ministerio de Defensa lo canceló en 2022 antes de que el demostrador pudiera volar. El nuevo intento llega con una diferencia importante, BAE Systems afirma haber financiado con su propia inversión el desarrollo hecho hasta ahora. La incógnita ya no es si la empresa puede llegar a un prototipo ensamblado, sino si ese aparato logrará demostrar en vuelo todo lo prometido.
Reino Unido entra así en una carrera donde algunos ya dejaron atrás la fase de presentación. Australia acumula más de un centenar de vuelos con el MQ-28 Ghost Bat de Boeing, mientras Estados Unidos ha adjudicado contratos de desarrollo y producción para el FQ-42 de General Atomics y el FQ-44 de Anduril. La apuesta británica no tiene todavía una flota contratada ni capacidades demostradas en el aire, pero sí un prototipo con el que intentar recortar distancia. El verdadero salto no llegará con el modelo de Farnborough, sino cuando la unidad de pruebas deje Warton y consiga despegar.
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Imagen: xataka.com
