Fibra rural en Girona: el cable pasa por la puerta pero no llega a casa

La fibra pasa a pocos metros de las casas pero nadie asume el coste final: así sufren dos pueblos de Girona la brecha digital rural.

by Denis Dosi
Fibra rural en Girona: el cable pasa por la puerta pero no llega a casa - fibra rural Girona

La fibra rural tiene un problema que casi nadie cuenta como es debido, porque no siempre se trata de tender kilómetros de cable hasta pueblos perdidos. A veces el cable ya pasa por delante de la puerta y no sirve para nada. Es lo que ocurre en Sant Miquel de Campmajor y en Mieres, dos municipios de la comarca del Pla de l’Estany, en Girona, donde la infraestructura está ahí pero nadie asume el coste de recorrer esos últimos metros hasta las casas.

Oriol Serrà, alcalde de Sant Miquel de Campmajor, lo resume con una imagen que dice mucho. La fibra que conecta Olot y Banyoles atraviesa su municipio y queda, en sus palabras, muerta a apenas veinte metros del ayuntamiento. Ahí está el cable, físicamente, pero jamás se convierte en un contrato que llegue a una vivienda.

Por qué el cable pasa de largo

El motivo tiene que ver con pura lógica de costes. Conectar cada casa en un pueblo pequeño y disperso sale muchísimo más caro que hacerlo en una ciudad, así que las grandes operadoras no asumen ese tramo final. Serrà añade otro dato incómodo, y es que buena parte de las subvenciones europeas pensadas para extender la red terminan dejando fuera justo a las viviendas que más las necesitarían.

Y la falta de conexión no es un capricho. David Rodríguez, bedel del ayuntamiento, recibe avisos de vecinos con horas o incluso días de retraso, porque el pueblo no logra hacérselos llegar a tiempo. Los agricultores tienen problemas para subir documentación dentro de plazo, algo que puede acabar en sanciones. Y en los bares no siempre se puede pagar con tarjeta, así que hay clientes que se van hasta Mieres o Banyoles solo para sacar efectivo.

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Cuando falla la antena, el pueblo se queda mudo

En Mieres la historia tiene otra cara. La alcaldesa, Núria Martínez, denuncia cortes recurrentes cada vez que falla la antena de Movistar, algo que suele dejar al municipio sin servicio un par de días. Lo más grave es que eso le impide activar los planes municipales de emergencia justo cuando es ella la responsable. “No puedo hacerlo porque no tengo teléfono”, zanja, con una sensación de abandono institucional que no disimula.

Y no es un caso aislado. El despliegue de fibra en el mundo rural avanza a golpe de subvención pública. Hace pocos meses una nueva convocatoria del Gobierno anunciaba fondos para llevar la fibra a casi 50.000 hogares que se habían quedado fuera de cualquier plan comercial. Mientras esas ayudas no aterricen en un pueblo concreto, la única alternativa suele pasar por el 4G o el 5G, siempre que la cobertura móvil aguante mejor que el cable que pasa, literalmente, al lado de casa.

Fuente
Imagen: xatakamovil.com

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