China ha construido un ascensor de 288 metros que funciona como un curioso “autobús escolar” vertical, una obra que ha cambiado la vida de los niños que antes trepaban durante horas por la montaña para llegar a clase
Cuando se habla de las grandes infraestructuras chinas, la mente suele viajar hacia colosos como la presa de las Tres Gargantas o proyectos urbanos gigantescos pensados para transformar regiones enteras. Y sin embargo, existe otro tipo de ingeniería que pasa más desapercibida por sus dimensiones pero que resulta mucho más cercana por lo que provoca en el día a día. Ese es el caso del nuevo ascensor Fúyáo, una estructura levantada sobre la roca en el suroeste del país que ha convertido un acantilado imposible en una ruta escolar tranquila. La obra se encuentra en el Gran Cañón de Nizhuhe, en la provincia de Yunnan, y se suma a otro sistema similar que ya funcionaba desde 2022.
El acantilado que se convirtió en camino hacia la escuela
Antes de que existiera esta conexión, llegar al colegio desde Nizhuhe no era cuestión de kilómetros, sino de vencer una pared natural. La aldea está en el fondo del Gran Cañón de Nizhuhe, en la frontera entre Yunnan y Guizhou, mientras que la escuela queda en la parte alta del terreno. Entre ambos puntos había un desnivel de más de 500 metros que obligaba a los alumnos a recorrer senderos estrechos, empinados y resbaladizos. Un trayecto que en un solo sentido podía superar las tres horas.
La solución no fue un ascensor aislado, sino todo un sistema de conexión vertical adaptado a la orografía. El nuevo Fúyáo trabaja junto al anterior, llamado Qingyun, y ambos se combinan con un tramo de teleférico para completar el ascenso hasta lo alto del cañón. La nueva instalación sube a una velocidad de hasta 5 metros por segundo, y ha logrado que un viaje de más de tres horas quede reducido a unos 30 minutos. Toda una revolución para quienes lo usan cada mañana.
Una obra pensada para el turismo que también sirve a los vecinos
Aunque el proyecto nació con vocación turística, tiene además una función muy práctica para quienes viven en la zona. Los dos ascensores y el teleférico están abiertos de forma gratuita para los habitantes de Nizhuhe y Guanzhai, y las autoridades locales habilitaron un acceso específico para los estudiantes durante sus desplazamientos diarios. La llegada de más visitantes al cañón obligó a ampliar la capacidad, ya que el primer ascensor empezaba a quedarse corto en los momentos de mayor afluencia.
El impacto no se detiene en el camino a clase. La apertura del sistema y la creciente popularidad del cañón han transformado un lugar marcado durante años por el aislamiento en un destino con más movimiento. Esa llegada de visitantes ha permitido que algunos vecinos desarrollen nuevas actividades económicas ligadas al turismo y a los productos de la zona.
El ascensor de Nizhuhe no es la mayor infraestructura levantada en China, ni pretende medirse con sus grandes proyectos nacionales. Su valor está en otro sitio: en la capacidad de convertir una dificultad cotidiana en algo sencillo para quienes dependen de ella. Donde la geografía marcó durante décadas los límites de una comunidad, una obra construida sobre una pared de roca ha cambiado la manera en que sus habitantes estudian, se mueven y se relacionan con el exterior.
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Imagen: xataka.com
