Por qué no existe un Windows de 128 bits, ni tampoco una CPU de 128 bits
Todavía no hay ningún Windows de 128 bits a la vista, y hay motivos técnicos bastante claros detrás de esta ausencia. Los sistemas operativos y los procesadores han vivido una evolución enorme con el paso de los años. Se empezó con versiones de 8 bits, en los ochenta mandaron las de 16 bits, en los noventa llegaron las de 32 bits y en la primera década del 2000 aparecieron las de 64 bits. Han pasado veinte años desde que llegó el primer sistema operativo de consumo de 64 bits, Windows XP Professional x64 Edition, y sin embargo el salto a los 128 bits sigue sin producirse. La pregunta es buena, y la respuesta tiene que ver con el hardware.
Para que exista un sistema operativo de 128 bits primero tiene que existir un procesador de 128 bits. No hay ningún sentido en desarrollar software para un hardware que no está ahí. Basta con recordar cómo fue la cosa con los 64 bits. AMD llegó primero en 2003 con los Athlon 64, que fueron una auténtica maravilla, e Intel se sumó en 2004 con los Pentium 4 de 64 bits. La actualización que convertía a Windows Vista en un sistema de 64 bits para el consumo general llegó después, en 2006, cuando ya había procesadores capaces de moverlo. El orden importa, y siempre es el mismo, primero el silicio y luego el software.
Del megabyte al gigabyte, la verdadera razón del salto
El motivo principal por el que se han ido aumentando los bits ha sido poder manejar más memoria RAM. Con el tiempo las aplicaciones y los juegos se han vuelto más complejos, y eso ha disparado los recursos necesarios. En los años ochenta con 8 MB de RAM ibas sobrado, en los noventa con 32 MB movías casi todo. Entre principios del 2000 y 2010 pasamos de necesitar 128 MB a tener 4 GB, una cifra que se multiplicó por 40. Ese crecimiento exponencial fue algo puntual, y ya se ha estabilizado. Los 8 GB de RAM empezaron a usarse ampliamente en el año 2012, y todavía hoy siguen dando para mucho.
La cuestión es de capacidad de direccionamiento. Un sistema de 32 bits llega hasta 4 GB de RAM, mientras que uno de 64 bits alcanza los 18 exabytes, o dicho de otra forma, más de diecinueve mil millones de gigabytes. La diferencia es descomunal. Y no fue lo único que mejoró. Los procesadores de 64 bits también trajeron mayor rendimiento por ciclo de reloj, funciones de seguridad como el soporte nativo de Data Execution Prevention y la eliminación del subsistema de 16 bits, que ayudó a blindar el sistema.
Por qué no tenemos, ni falta que hace de momento
La respuesta corta es que no son necesarios. Técnicamente sería posible fabricar ambos, pero ahora mismo carece de sentido práctico. En el consumo general las configuraciones más comunes van de los 16 GB a los 32 GB, y las placas base tope de gama soportan como máximo 256 GB. En el sector profesional se habla de entre 2 TB y 6 TB por socket. Faltan muchos años para agotar lo que ofrecen los 64 bits. Además, los procesadores actuales ya integran elementos de más de 64 bits, como los buses y las unidades SIMD. Los Ryzen 9000 trabajan con instrucciones AVX-512, de 512 bits, en una sola pasada.
Hay otro problema, la transición a los 128 bits traería incompatibilidades y desafíos de arquitectura que serían muy caros de resolver. Habría que reescribir montones de drivers sin recibir a cambio mejoras que compensen. Un caso claro de ganancias decrecientes. En campos como la investigación científica o el cifrado se usan operaciones de 128 bits o más, pero se resuelven con librerías que se integran sin problemas en sistemas de 64 bits. La posibilidad de un Windows de 128 bits existe, de hecho la arquitectura RISC-V ya la ha contemplado, pero estamos a muchas décadas de distancia.
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Imagen: muycomputer.com
