Ver un vídeo en YouTube de un juego corriendo a toda velocidad en un equipo con la misma gráfica que la tuya y luego comprobar que tu PC no llega ni de lejos a esos FPS es una frustración bastante común. Los números que aparecen en pantalla parecen otra realidad, y sin embargo se trata de un usuario cualquiera, sin trucos ni montajes patrocinados por la empresa del videojuego. Es decir, esos resultados son posibles. La cuestión es entender por qué en tu máquina las cifras bajan tanto y qué se puede hacer para acercarse a ellas.
La buena noticia es que casi nunca hace falta cambiar el hardware. El problema suele estar en cómo está configurado todo, no en la potencia real de los componentes. Muchas veces el mismo procesador y la misma tarjeta gráfica que aparecen en el vídeo están dentro de tu caja, solo que trabajando por debajo de lo que podrían.
Cómo mejorar el rendimiento de tu equipo
El primer paso es sencillo pero se olvida más de la cuenta, y tiene que ver con la BIOS. Activar el perfil XMP de la memoria RAM permite que esta funcione a la velocidad para la que fue fabricada. Sin ese ajuste, la RAM puede estar corriendo muy por debajo de su capacidad, y eso limita directamente los fotogramas en los juegos más exigentes. No es culpa del módulo, que tiene potencia de sobra, sino de que nadie le dijo que la usara.
Otro asunto que marca diferencias enormes son los drivers. Mantenerlos actualizados, sobre todo los de la tarjeta gráfica, es casi obligatorio. Tanto NVIDIA como AMD publican optimizaciones pensadas para cada juego nuevo, y no tenerlas puede costar un buen puñado de FPS. De vez en cuando conviene hacer una instalación limpia, porque los restos de versiones anteriores generan conflictos que ni siquiera notas hasta que el rendimiento se resiente.
El calor, el enemigo silencioso
Vigilar las temperaturas es igual de importante. Cuando un equipo se calienta demasiado, baja su propio rendimiento de forma automática para protegerse. Aquí no hace falta gastar mucho. Limpiar el polvo acumulado, mejorar el flujo de aire de la caja o cambiar la pasta térmica pueden suponer un salto notable en los resultados. Y un pequeño consejo para hacer la prueba bien, mejor medir nada más encender el PC en frío, no después de un rato calentándolo con otros juegos o test, porque los datos saldrían falseados.
Con estos ajustes, la idea no es reinventar tu ordenador, sino sacarle lo que ya lleva dentro y que probablemente estaba durmiendo. La distancia entre tu partida y ese vídeo de YouTube casi siempre se recorta bastante más de lo que uno imagina.
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Imagen: hardzone.es
